¿A cuántos psicópatas conoces?

Libros y sobre todo películas aparecen continuamente en el mercado ofreciendo historias intrigantes y terribles de psicópatas que el público consume con avidez. Sin duda, es una de las temáticas que más llama la atención. Pero, ¿qué motiva esta curiosidad? ¿Por qué nos atrae tanto conocer a estos individuos tan misántropos? ¿Qué nos llama realmente la atención? Su creativa e inacabable perfidia, su inteligencia, su fría crueldad, o su carácter trasgresor…Quizás sí o quizás no.

En cualquier caso los psicópatas no son ficción. Estas personas existen.

Según la comunidad científica cientos de miles de psicópatas habitan entre nosotros. En principio, no tendría por qué ser un problema  sino fuera por el hecho que van sembrando la destrucción  a su paso. Se estima que el 1% de la población es propensa, lo que significa que sólo en España pueden estar circulando unos dos millones de estos sujetos.

Uno de los aspectos más llamativos es que resultan extraordinariamente difíciles de identificar pese a la existencia de diversos estudios. Aunque quizás lo que más se puede destacar del psicópata es que es un depredador. Se caracteriza por su falta de empatía. Es una  persona incapaz de ponerse en el lugar de las demás. Carece de conciencia y no le invaden los remordimientos de culpa. Esa falta de empatía es más de carácter emocional que intelectual, es decir, los psicópatas son personas capaces de saber qué piensas, pero jamás tendrán la posibilidad de saber cómo te sientes, simplemente carecen de los elementos necesarios para poder asumirlo. No distinguen el sufrimiento ajeno. No les importa  en absoluto. Y son totalmente conscientes del daño que hacen.  El psicópata aunque sabe relacionarse a nivel social e intelectual y puede llegar incluso a ser encantador, se caracteriza por hacer uso de las personas para sus propósitos, es el manipulador por excelencia. Son  inteligentes, egocéntricos y ególatras, auténticos enfermos de  megalomanía y  vanidad. Incapaces de desarrollar lazos afectivos con su entorno hacen estragos en sus familias. La inmensa mayoría se manifiestan mediante el desarrollo de la manipulación y el engaño con las personas que los rodean. Son muy buenos diseñando sus argucias para alcanzar objetivos, económicos, sexuales o de poder. Y no les importa fingir que tienen emociones o que comprenden a los demás. En consecuencia las trayectorias vitales de estas personas dejan tras de sí una estela de personas atormentadas, arruinadas, perseguidas, violadas, traumatizadas e incluso asesinadas.

Su impacto en la sociedad es tremendo.

En este sentido cabe preguntarse si los psicópatas nacen o se hacen. La respuesta es que nacen pero también los hay que se hacen. Hay quienes no presentan ninguna anomalía cerebral,  pero su cerebro funciona de forma diferente. Sin embargo, los hay cuyo cerebro presenta una malformación que aparece ya a temprana edad. Concretamente entre los tres y cinco años.  Se caracteriza por ser un niño que no tiene miedo, ni manifiesta ansiedad alguna pero es especialmente impulsivo, suele tener déficit de atención o hiperactividad, pero sobre todo, es la ausencia de miedo y su determinación en conseguir lo que quiere los  indicativos de interés, según los investigadores. El   entorno familiar tiene poco ver. Pueden darse en cualquier casa, en cualquier lugar, en cualquier cultura. Aunque cabe destacar que existen factores de riesgo como los partos con hipoxemia, es decir, falta de oxígeno  o malos tratos durante la infancia que producen un aumento de cortisona en la sangre que lesiona las neuronas. Especialmente, si esos maltratos han sido antes de los tres años de edad. Con todo, existen personas, como se ha dicho más arriba, que han crecido en un ambiente “sano” y han desarrollado psicopatías. Como señala el doctor Hare en muchos casos ocurre que el cerebro, simplemente, funciona de otro modo. El proceso de socialización no modela a estas personas, no las nutre, ni las adapta. Pese a que puedan aparentarlo exquisitamente. Nunca manifiestan su comportamiento de forma pública, a no ser que sean criminales declarados. De hecho, y ése es el dato más aterrador, la mayoría de ellos están integrados en la sociedad y viven una vida “normal”. Pederastas, violadores y maltratadores de todo tipo, cometen abusos diariamente en sus casas y en el trabajo, aunque cabe decir, que todos estos actos de violencia y abuso son sólo medios para alcanzar un fin.

En la actualidad se cuenta con la “escala Hare” que es un test que diagnostica la psicopatía. De hecho, se trata de una prueba muy compleja que sólo debe ser realizada por personal cualificado. Su creador fue el psicólogo Robert Hare, el científico más relevante en la actualidad en este campo. Sin embargo, y a pesar de empezar a conocer bien la psique de estas personas aún no se conoce tratamiento alguno, especialmente en aquellos casos donde el cerebro no presenta anomalías morfológicas, es decir son cerebros totalmente normales pero responden de otro modo, procesan las emociones de otro modo.

En un cerebro “normal”  se activan determinadas zonas  cuando se dan situaciones, imágenes o palabras de gran carga emocional, sin embargo, en el cerebro del psicópata esas zonas no se activan; se activan otras. Cuando a un psicópata se le muestra imágenes desagradables de mutilaciones o violaciones, o de violencia extrema su cerebro actúa como si estuviera viendo una silla, o un paisaje o un bocadillo de chorizo…Actúa con la misma normalidad. Esto es así porque el sistema límbico o cerebro emocional lo analiza lingüísticamente y no, emocionalmente. De ahí que asuman una actitud neutra. Por otro lado, también presentan defectos biológicos a nivel cerebral pues la corteza prefrontal, lugar donde se dan los impulsos, presenta una actividad baja y un volumen reducido. En ese lugar, concretamente en el córtex prefrontal es donde se encuentran los neurotransmisores como la serotonina, responsables de inhibir la agresividad. También es en esa zona donde se debate sobre las decisiones complejas. Por tanto, los psicópatas tendrán como detonante, precisamente, ese debate interno a la hora de tomar una decisión que desencadenará su agresividad. Una agresividad que no siempre se manifiesta, puede ser sutil, estar implícita aunque sus efectos siempre son importantes.

El psicópata es el homínido más peligroso que existe, el misántropo por excelencia: En la medida en que su ambiente le provea de satisfacciones necesarias, puede estar integrado y no ser especialmente peligroso; como se suele decir “hasta el demonio es buena persona cuando está satisfecho”, pero en el caso de que se sienta limitado, pasará por encima de quien sea sin importarle lo más mínimo para conseguir sus objetivos. Siempre será un depredador. Según el contexto social o político operan con total impunidad, especialmente cuando ostentan cargos de poder. Es en esas situaciones   donde el psicópata se manifiesta en su más amplia magnitud. En la historia reciente tenemos como buen ejemplo a Slobodan Milošević quien arrastró a la destrucción, a la muerte y desolación a millones de personas.

Actualmente ni los gobiernos ni la comunidad científica saben qué hacer con estas personas. No existe tratamiento. Aunque los científicos han determinado en buena parte el funcionamiento, el hecho es que existen personas que funcionan de forma diferente a pesar de tener un cerebro “sano”. Así mismo, insisten en que la clave para no incrementar el número de psicópatas está en los padres y en cómo crían a sus hijos. Los malos tratos, una simple bofetada o el zarandeo pueden dañar de forma irreversible el cerebro y es algo que no se detectará con facilidad, no se nota, no deja moratones, pero  afectará a la capacidad de procesar estímulos emocionales, a tomar decisiones socialmente correctas, a no ser impulsivos ni violentos.

En cuanto a los psicópatas  “natos”…hemos de estar atentos. Recordemos que su máximo exponente es el asesinato, pero eso no significa que no puedan estar dañando en estos momentos. Recordemos que son manipuladores, inteligentes, sistemáticos y sin escrúpulos. Su encanto y  saber estar sólo es superficial. Tras sus personas, un ser terrible no dudará en coartar, en someter, y subyugar a quien sea para mantener su status quo, y si han de usar la violencia, sea del tipo que sea, así lo harán. Sin embargo, todo ello no nos ha de situar en la paranoia recordemos que son un 1%, el que convivamos en casa o en el trabajo con uno de ellos es una lotería cuyo premio…no debemos desear.

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