Las grandezas de un pueblo

 

Con la firmeza del que camina con honor

no es de menester vestimenta

pues su honradez se impone segura

sólida y consistente  a la vista.

 

Siempre estable, siempre fuerte

resistente a todas las adversidades

el pueblo de Ciutadella se mantiene fijo

y resiste a cualquier embate

porque es dueña de su libertad

defendida siempre contra cualquier tirano

es capaz de levantar el puño y sentirse segura.

 

Con todas sus desigualdades es capaz de moverse

con la fuerza de un puño y manifestar su voluntad

uniforme, con la belleza armoniosa de lo indiferenciado

y que sólo el viento de la justicia y el valor puede dar.

 

Ciutadella sabe vivir de forma armoniosa y

sabe entender sus conveniencias, dejar de lado sus necedades

y orgullos, pudiendo entender que lo ajustado, que la equidad

que lo justo es lo que nos puede dar felicidad a todos

porque todos tenemos idénticos pesares

y todos tenemos idénticos sueños

y sin embargo somos todos exactamente singulares.

 

Tan diferentes…

 

Nunca hemos sido conformistas

pero sí gruñones por definición

¿por qué quedarnos en esta condición?

agarremos aquello que más nos gusta

con ambas manos y no temamos

el qué dirán, que en la condición humana

bueno es abrazar aquello que más amamos:

La esencia, lo sencillo, lo conforme, lo adecuado

compensado y medido, simétrico.

 

Y cuanto más firme, mejor.

 

Eso es la verdad, eso es la honradez, eso es el honor

y para ello la total libertad de escoger.

 

La verdadera posibilidad de escoger.

 

Con una voluntad firme, con un pueblo homogéneo

con una actitud proporcionada, alimentada con la pasión

que emana de la razón y la conciencia se consigue al estatus

de un pueblo donde la convivencia es agradable.

 

Los gratos paseos por las callejas,

y las atractivas luces de la noche que invitan a ensoñar y absorben

el alma del paseante en sus pensamientos.

 

Risueño, uno queda cautivado

por el complaciente ambiente variado

del lugar al que toma afecto  sin pretensión

pero del que se queda prendado.

 

Así, amamos los que aquí moramos

y así aman los que alguna vez nos han visitado.

Los azules del mar y el cielo, el manto cambiante y estrellado.

 

Y una ciudad que pugna por ser o no ser.

 

El Ayuntamiento ha de ser el paladín de este gran tesoro

ha de ser imparcial y equitativo

su honestidad debe ser inquebrantable

más recta que una espada cristiana

decente como el que más

preciso, diligente, cabal.

 

Siempre debe acordar, jamás imponer ni tiranizar.

 

Calibrar siempre sus propias leyes

que no deben ser draconianas.

 

Y ser puntuales, pues no hay mayor ladrón que aquel que roba tiempo

pues es el único bien que no puede ser devuelto.

 

El ciudadano es quien manda en el Ayuntamiento

es quien escoge a su paladín

y ese paladín debe velar sus intereses

por todos sus intereses.

 

Por tanto, la nobleza de tal paladín

ha de ser incuestionable

su bondad, su justicia, su equidad y su grandeza

deben estar a la vista de todos

ante todos.

 

Un Ayuntamiento liberal y escrupuloso

que sea insobornable

que no tenga nada que esconder

cuya virtud sea eso precisamente

 debe ser capaz de andar desnudo

con la cabeza alta

porque va vestido de honradez.

UN GRAN PLAN Y UN GRAN PUEBLO

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