Artículo 62

Ando descalza sobre la alfombra roja, sin más ropajes que los harapos de la justicia y el honor, con las manos vacías y el corazón henchido de un clamor que me empuja hacia delante, siempre hacia delante, movido por el impulso incontestable de la verdad que me llevará ante mi Rey.

A él apelo hoy en nombre del pueblo de España como súbdita y como delegada de todos los padecimientos que está sufriendo este país por culpa de una clase autoproclamada como privilegiada, amparada por una ley injusta y sin sentido que nos priva de la libertad de elección. Me postro ante mi rey para pedir su intervención. El pueblo está agotado de vivir una democracia sin derechos ni oportunidades, sin libertad, sin atención. Agotado de vivir una pantomima donde día tras día vemos como la clase política nos arrebata los frutos de nuestro trabajo.

Somos un gran pueblo y un gran país, pero no podemos continuar siendo gobernados por ladrones y caraduras que no hacen más que aprobar leyes para su provecho y el de su amigos, y el de sus amigos excéntricos, y el de su primo y el del sobre…y toda la lacra de parásitos que nos tiene sumidos en la miseria porque sus intereses no son los nuestros: son los suyos propios.

Tales circunstancias requieren una intervención real. Reclamo la intervención del Rey Juan Carlos I. Rey, nuestro rey de España, para que ponga fin a las infinitas pagas vitalicias que están recibiendo los políticos. Tras el fin de su candidatura, cesa también, su salario que de ningún modo, sea cual sea el rango, puesto o como quiera llamarse ha de superar el salario medio. La tarea de un político es vocacional. Nada tiene de especial ni privilegiado excepto el honor y la responsabilidad de ostentar la confianza de sus votantes y de impartir un trato justo a toda la ciudadanía.

Después de treinta años de Democracia y con la presente crisis, provocada dicho sea paso por ellos mismos, no encuentro palabras para calificar la presente situación, y la indignación que me produce su jactancia, mientras mi pueblo pasa hambre, mientras faltan médicos, hospitales, colegios, universidades, espacios dignos para la tercera edad; mientras falte cobijo, trabajo…mientras vea tristeza y dolor en cualquier persona que viva bajo el cielo de este mi país, no puedo sino reclamar atención al más alto nivel y con la mayor humildad en nombre de todos los que habitamos esta tierra, súbditos de nuestro noble rey campechano, que nos libre de este mal. Y pudiendo él hacerlo:

Apelo al artículo 62 apartado a para que promulgue una ley por la cual se establezca un salario único que de ningún modo será superior al salario medio y cese las pagas vitalicias.

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