Mi nombre es Sole Sánchez Mohamed

En la presente, tal como prometí, y como candidata a la alcaldía declaro lo siguiente: empecé a trabajar a los trece años mientras iba a colegio, con lo que pagué los estudios hasta el día de hoy. Empecé trabajando en bisutería, haciendo partidas por la noche. Después, en el Instituto, por las noches también, me dedicaba a limpiar casas de gente que sólo hacía uso de ellas en verano u ocasionalmente. Mientras, con unos diecisiete años ya empecé a impartir clases a mis propios compañeros y gente más joven. Al acabar el instituto y ante la imposibilidad de tener una beca a pesar de mis altas notas, estuve trabajando en todas las ramas de hostelería, deseando conocer todos los eslabones: desde la cocina y limpieza, pasando por camarera hasta recepcionista, del mismo modo cada temporada trabajaba con alguna empresa hasta dieciocho horas.

Poco después, mientras hacía tres trabajos: dar clases, trabajar en el bingo de Ciutadella y limpiar por las noches casas, me quedaban fuerzas para seguir estudiando y formarme pues ese es mi único objetivo: una buena formación académica. Guardé les apariencias, pasando mucha hambre y durmiendo en casas en paupérrimas condiciones y sin mobiliario hasta que conseguí cierta estabilidad. Entonces, me presenté en la Banca catalana con media docena de papelitos donde se daba fe textualmente de que era “mujer honrada y trabajadora”, firmado por varios padres que daban fe de mi honestidad y decencia. Con desconcierto y sorpresa se me fue otorgado el préstamo para comprar una casa, además de que los propios dueños, los propietarios me otorgaron un préstamo personal para acabar de redondear la cifra necesaria para hacer la compra.

Seguí trabajando una media de dieciocho horas, pero siempre pagué mis deudas. Conocí a un chico, a un buen chico. Y tras unos años de relación compartí mi propiedad con él: estupideces de una mujer enamorada de las que jamás me arrepentiré. Ahora, la casa está pendiente de venta, de subasta por petición de este mi gran amor, mi gran ruina, pero no tengo remordimientos sino pesar de haber amado tanto para recibir tanta indiferencia. La casa tiene una Hipoteca que asciende a más de 60.000 euros. Irrisorio, dadas las actuales circunstancias.

A parte de eso, tengo  una furgoneta Opel combo tur, con la que recientemente tuve un accidente: el típico jilipollas adelantando que para no chocar de frente te saca de la carretera, volviendo de Mahón de la junta electoral. Teniendo un seguro a todo riesgo con franquicia con la entidad Liberty Seguros, llevo seis semanas sin una resolución del peritaje. Pésimos, por lo que recomiendo tácitamente que quien quiera un seguro seguro, y valga la redundancia, acuda a otra entidad aseguradora para no experimentar la dejadez y negligencia  que yo he sufrido: aún no se ha arreglado el coche.

Como patrimonio, poseo miles de libros de los que me he nutrido de forma autodidacta y académica para impartir: Matemáticas, Física y Química, Biología, geología, latín, lengua española y literatura, catalana y literatura, Inglés, Filosofía, Historia del Arte, Universal y contemporánea… Preparo todos los niveles hasta acceso a la Universidad, grado medio y acceso superior, cursos a distancias y determinadas asignaturas de carrera. No soy una lumbrera, sólo sé un poco de todo y eso transmito. Ése es mi auténtico patrimonio: el saber.

Tras estudiar diversas materias, ahora curso Filosofía por la UNED. Es apasionante. Pero he habido de dejarlo para dedicarme a salvar de la inmundicia de este pueblo, los políticos ladrones que nos han sumido en esta crisis.

Mi actual trabajo se ve regulado por el régimen de autónomos de nivel más bajo: Carezco de paro, de prestaciones médicas, y de representación legal. Pues la casa he de repartirla mediante subasta con mi ex-pareja, que tanto le da ocho que ochenta… al perecer. En cuanto a mi espacio de trabajo, mi actividad está perfectamente regulada y es legal. Yo no tengo local comercial alguno, no preciso, una licencia de apertura pues  la actividad la desarrollo en mi propia casa. Pago mis  impuestos, el IRPF, hacienda, aunque no obtenga beneficio alguno. Cotizo 30 días al mes aunque no trabaje más que dos o a lo sumo tres. Como la mayoría de autónomos.

De todo esto puedo dar fe ante notario en cuanto tome posesión de un cargo público, y al salir se llevará a cabo la declaración pertinente para hacer conocer al contribuyente que yo no he entrado para llevarme nada, excepto el orgullo y satisfacción de hacer las cosas bien y honradamente.

Me dejo un dato importante: tengo un gato de catorce años. A quien adoro y es mi razón de vida. Mi familia y compañero.

¿Lujos? Presentarme a unas elecciones sin recursos, con  todas las presiones posibles pero con toda la entereza suficiente para aguantar el tirón.

Y creo que no me dejo nada, pues cuando uno posee tan poco, es fácil llevar a cabo el cómputo.

Esto es lo que tengo y no aspiro a más.

Tesorería General de la Seguridad Social Sole Sánchez Mohamed.pdf

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