Un sabor secular

2 comentarios to “Un sabor secular”

  1. Dragunov Says:

    Muy interesante documento, gracias por rescatarlo y ofrecerlo.

    No recuerdo haberlo visto anteriormente. Para estar hecho por un extranjero, la visión de conjunto me parece muy correcta y objetiva (quizás precisamente solo pueda conseguirlo alguien foraneo, siempre con la debida información). Además se nota que no está hecho por aficionados, tanto por la estructura general como por los sutiles detalles, todos bien estudiados en el montaje final. Tiene mérito considerando que en esa época había muchos menos recursos técnicos, aparte que las cámaras no eran tan ubicuas como ahora, por no decir que eran rechazadas en medio de la fiesta. Algunos planos son realmente arriesgados, por cierto. Vaya, y quien se acuerda ya de los juegos des Pla sin luz artificial… Hay cosas que nadie podría negar que han cambiado, por mucho que otras se mantengan intactas.

    Si a esto le añadimos el detalle de la rissaga, lo convierte en un documento histórico recomendable.

  2. Dragunov Says:

    Después de otro visionado, saltan a la vista un par de diferencias profundas con lo que vivimos actualmente.

    Una es la ausencia total de «uniformes» o «disfraces de santjoaner» que, a modo de merchandising, son usados y abusados tanto por locales como por foraneos desde hace años. De hecho todos nos poníamos ropa de poco cuidado para no preocuparse por ella. Una camiseta raída, unos zapatos viejos y a la calle. A lo sumo empezaban a venderse algunos pañuelos rojos, estampados por algún bar, pero nada más.

    La otra diferencia es que la cruz de Malta se reservaba para el pendón que lleva el Caixer Fadrí, en lugar de ser un icono usado hasta la nausea en la actualidad. Obsérvese que no se ven banderas en las ventanas, ni siquiera los caballos las llevan en su pecho, como también se hace hoy en día. Tampoco se vendían collares ni camisetas ni nada que la llevara. De nuevo la invasión del merchandising y la trivialización del símbolo.

    El hilo común es la mercantilización de las fiestas con la venta de esos atuendos y fetiches, el alquiler de habitaciones, pisos, casas y apartamentos, y la proliferación de transporte aereo y marítimo a destajo capaces de doblar o triplicar la población de Ciutadella en pocos días.


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