Una de dos

Sólo hay dos formas de verlo. O los habitantes de Ciutadella son fascistas en su casi totalidad o están tan institucionalizados que no son capaces de ver la esclavitud a la que están sometidos. O quizás el fascista sea precisamente eso: una persona que sufre de ceguera histérica.

En la presente legislatura, y analizando con cierta perspectiva de tiempo, tenemos que, debido a la corrupción política, la negligencia burocrática y al poder del dinero y sobre todo de sus dueños, Ciutadella y por extensión Menorca no es más que un feudo. Con todas las características de un feudo. Me hace gracia hablar de historia Medieval, especialmente cuando se trata de alumnos de la E.S.O –por cierto, las siglas no pueden ser más pertinentes a la reforma educativa que propuesta y aplicada-. La Edad Media, para empezar un término tan impreciso cronológicamente que hace que no se pueda hablar siquiera de porcentajes para expresar el desconocimiento que se tiene de esta etapa. Sin embargo, siempre se hace referencia a ella como una etapa “Terrible”: privilegiados y no privilegiados, siervos y señores, la relación del vasallo con su señor y su condición de esclavismo consentido. El derecho de señoríos, su poder totalitario y siempre injusto sobre quienes se sustenta. La imposición de decenas de impuestos como el tránsito por un puente, por unas tierras, la molienda, la recogida de madera o agua, la ausencia total de derechos tan fundamentales como el del derecho a la vida , derecho a una vivienda. Ni que decir tiene que la educación, Seguridad Social existieran y que en su lugar la imposición de más impuestos como el diezmo o los supuestamente convenidos con el señor feudal fueran los “derechos” del momento para tener cierta protección siendo súbditos del lugar. Hambre, pestes, guerras…motivaban el movimiento y la aparición y desaparición de ciudades, así como la muerte de miles y miles de personas. Nos horrorizamos y pensamos “Joder, qué bien estamos ahora”…

Francamente, no sé en qué coño está pensado la gente cuando piensa o dice eso. Que unos pubescentes, a tope de hormonas, enfermos de materialismo y dotados de un egoísmo heredado, con todo lo que ello implica como ser racistas, xenófobos, clasistas…puedo comprenderlo, aunque no tengo por qué aceptarlo. Pero que la población adulta de este lugar se autoengañe de esta manera es simplemente insoportable. El poder financiero de grandes empresas y bancos son los señores feudales del lugar, a eso añadimos toda la tropa de capataces lameculos que constituyen los más altos cargos tanto políticos, como no políticos, y por debajo, la masa de lo que podría denominarse “clase acomodada” que básicamente es el conjunto de jilipollas que se encuentra entre los 35 y 50 años de edad y que se cree ser alguien porque tiene un piso, o dos en la ciudad, un huerto, la barca y un par de chalets para alquilar a las empresas de hostelería cuando hay overbooking, tienen hijos a los que mandan indefectiblemente a estudiar algo –no importa qué- y que tras varios años de “justificar” su estancia en una universidad vuelven a casa igual de anestesiados y amnésicos de cómo se han ido. Luego están los más patéticos de todos que yo denominaría pseudopijos, pero en realidad es gente con hipotecas insalvables pero se mantienen a flote y mientras tanto te hablan de sus cruceros, del Audi que se han comprado, el piso… Se corresponden a esa generación de jóvenes parejas que juegan a ser mayores intentando imitar en todo a Barbie y Ken; incluso en tener bebés y tal…caracterizados por una voracidad sin límite del consumo de bienes absurdos y totalmente innecesarios. Y por debajo de estos está la clase obrera. Porque aunque se pretenda negar, en Ciutadella, la inmensa mayoría pertenece a esa clase de gente que vive con un salario o lo sumo dos, y que cada diecisiete del calendario hace milagros para llegar a final de mes. Cualquier eventualidad como ir al dentista, pagar los libros del niño, el IBI o una simple multa hacen impracticable subsistir. Van en comparsa con la masa de despedidos, parados en general que prácticamente viven en la indigencia pero van con la cabeza alta, llenando sus neveras de orgullo y gastándose los escasos ingresos tomándose un café en las concurridas terrazas de bar con el último grito en gafas de sol de más de 300 euros. Es un misterio para mí lo de las gafas, no entiendo aún cómo

han podido conseguirlas. En fin…, vivir para ver.

Y, seguimos cayendo, hasta llegar a los indocumentados: esa masa de inmigrantes de diverso origen que carecen de nacionalidad, cuando es un principio universal dentro de los derechos humanos. Privilegiados y no privilegiados. Excepto los dueños del dinero y la banca, el resto es un conglomerado de desgraciados, sometidos a la inclemencia de un estado del bienestar que les arrebata lo que ganan con el sudor de su frente mediante la maquinaria de impuestos y tasas orquestado por una clase política que le importa un rábano el bienestar común y que a menudo son unos ladrones, corruptos empedernidos, y fieles vasallos de ese estamento de privilegiados.

Cada día el descontento es mayor. La gente, sea cual sea su condición, vive en el mismo cubo de basura. Víctimas de las mayores injusticias y atentados a su dignidad. Y son conscientes. Lo sé porque se quejan, sufren e incluso buscan soluciones. Pero si algo los caracteriza realmente es su total falta de empatía hacia la otroriedad, sólo ven “su problema”, y sólo les importa “su problema”. El principal hacedor de sus desgracias es el banco y luego le sigue el Ayuntamiento que ellos mismos escogen con el mayor de los entusiasmos y total convicción, elementos propios de cualquier estado fascista. FASCISTA. NO HAY ESPACIO A LA CRÍTICA O AL ANÁLISIS. Y tiene como principal agente la ausencia total de pensamiento propio.

¿Aborregamiento? No, por favor, sin insultar. A los borregos, claro.

El Partido Democrático ha sido no una alternativa, ni la alternativa. No. Ha sido y es la única posibilidad de un cambio real, una revolución sin violencia, un cambio de viraje hacia una sociedad con libertades y derechos palpables. La única posibilidad de salir de esa edad Media que impera hasta nuestros días bajo los sofisticados sistemas financieros y mediáticos que nos asfixian y nos derrumban bajo formas igualmente sofisticadas, como depresión, bipolaridad, esquizofrenia, alcoholismo, drogadicción o simplemente INDIFERENCIA.

Publicado en Opinión. 1 Comment »

Una respuesta to “Una de dos”

  1. Dragunov Says:

    Para haber esclavitud debe haber cadenas o celda. El quid del asunto es que la longitud de las cadenas o el tamaño de la celda es algo muy subjetivo. Si en tu andar cotidiano la cadena no te llega a tensar o no llegas a tocar las paredes de la celda, para tí simplemente no hay esclavitud, por mucho que otro te diga que la hay. Para algunos, la vida transcurre sin inconveniente en unos pocos kilómetros cuadrados; otros, en cambio, se sienten atrapados en este planeta Tierra.


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