El humor

Reír es sano. Pero el objeto de la risa no siempre lo es. Podemos establecer una gradación que va de lo más inocente a lo más hiriente: lo cómico, lo humorístico, lo irónico, lo sarcástico y lo cínico. Por supuesto el contexto cultural es el principal agente en esta cuestión, pero si no concentramos en la cultura occidental y concretamente la española podemos saber y sobre entender cómo son las personas que nos rodean.

Lo cómico implica todo aquello que resulte absurdo o torpe. Como imaginarse a alguien hablando por un plátano. Recuerdo que en cierta ocasión siendo una cría iba por la calle y a unos metros de mí iba una señora cargada con una gran cesta de comestibles en una mano y unas cuantas bolsas en la otra, además de un grandioso culo perfectamente modelado dentro de una estrechísima faja. No puedo imaginarme el trayecto de un pedo en circunstancias así. En cualquier caso, la señora en cuestión oscilaba con pesadez y lentitud. Desvié la mirada unos metros más adelante y reparé en un precioso y brillante truño canino; e inmediatamente vi como la señora del culo a flores gigantes patinó y cayó soltando las bolsas cuyo contenido quedó esparcido por toda la calle de San Joan Bosco, justo en la primera esquina donde el suelo es muy satinado, ideal para matarse. El caso es que ella no sólo patinó y cayó, sino que rotó. Su forma cilíndrica perfectamente embotada permitió tal proeza de la física. La cosa no era para reírse. Iba con una amiga que se lanzó detrás de un coche y se tuvo que sentar del ataque de risa.

La señora gemía con voz ronca y viril, “Ay, quina galeta m´he fotut, amb sa merda aquesta de ca” (Ay, que leche me he metido con esta mierda de perro). El panorama era kafquiano, mi amiga tumbada detrás de un coche, la señora oscilando de lado a lado intentándose levantar, la compra parecía que había sido lanzada a discreción desde una azotea; ocupaba media calle, tomates, pimientos, los huevos rotos, patatas, quelitas…Mi primera reacción fue socorrer a la pobre mujer mientras intentaba no solidarizarme con la risa pegadiza de mi amiga. Me acerqué corriendo e intenté sujetarla, pero iba tan sudada y era tan voluminosa que cualquier intento parecía inútil. Y entonces lo soltó: a mí que una señora de las que son “señoras”, hablan y visten como “señoras” me resultó demasiado “Me cago en Cristo puta, sa compra que l´hauré d´anar a cercar a sa Quintana”. Lo siento no pude contenerme, la risa contenida mermó mis fuerzas, al desastre se sumaron dos mujeres más; yo tuve que soltarla, y desparramándome de risa me uní a mi amiga que le estaba dando una ataque de asma. No podíamos parar. Para colmo, pasó un señor de cierta edad con las manos en los bolsillos y cuando vio el panorama: la calle llena de comida por el suelo, varias personas intentando levantar tirando de los brazos y la espalda de la mujer cilíndrica y, paralelamente, tras un coche aparcado, dos chicas tumbadas en el suelo que no se sabía si estaban llorando de desesperación o se estaban descojonando.

Entonces, miró de hito a hito de la calle y levantando los hombros mostrando incomprensión socorrió a la mujer que por fin la pudieron levantar. Mientras, nadie se percató de la compra que fue varias veces pisoteada. La indignación de la señora se tornó cabreo “ses merdes aquestes que hi ha per tot, i sa compra, m´heu fet malbé sa compra, desgraciats, que encara vos enfoteu”. Perplejos y cabizbajos los socorristas no entendieron nada y recogieron los restos de la compra. Mientras nosotras…casi nos meamos de la risa…

Para nosotros era cómico, para la señora nuestra actitud era cínica, la frase del señor era sarcástica, las dimensiones esperpénticas de la señora rozaban el humor y resultaba irónico pensar que una simple mierda –término utilizado para las cosas y/o personas de poca valía- pudiera ser tan dañino. Así que en una simple situación pueden intervenir todos los humores. Todo depende del contexto.

El humor entraña cierta crítica, por ejemplo José Mota o Los Morancos son especialistas en este sentido con sus imitaciones sardónicas. Aunque, para mí, son superados por los humoristas de “Little Britain” son totalmente irreverentes a la hora de criticar a su propia sociedad. Una serie de la BBC que recomiendo para los que deseen conocer un poco esta cultura, pues es muy ilustrativa. Me gusta el humor, muchísimo. Lo encuentro sano, siempre y cuando el objeto de humor participe y disfrute. Imagínense al Señor Triay, conocido, como “En Creuta” (que conste que el mismo me explicó que se llama así porque su abuelo era especialmente bajito y en las procesiones llevaba una cruz enorme que resultaba más grande aún sostenida por su persona, un mote digno, sin duda); nada a lo que íbamos: que me pongo una calva tacada con pelandra, una media joroba, recojo los brazos como el Gollum del Señor de los anillos y tomando la voz de un sapo en celo digo “ehhhhh, bé , açò és una falàcia” o digo que es la tercer sapo del famoso anuncio de la cerveza Budweiser, ¿lo recuerdan? El primero decía “Baaat”; el segundo,” Wais” y el tercero remataba mirando la luna con un eructo atronador “EEEEERRR”, es increíblemente parecido, sólo le falta la charca y otros dos amigos borrachos más. Claro, el Señor Triay no se lo tomaría humorísticamente el tema, carece de humor y sólo conociendo el sarcasmo y el cinismo, lo entendería como un insulto. Otra vez el contexto.

Lo irónico…consiste en decir justamente lo contrario de lo que se quiere decir. Por ejemplo, que el Sr. Aznar dijera “España va bien”. Yo diría que ahora sí que va bien de verdad, siguiendo el mismo tono. Los ingleses son fabulosos cultivando la ironía, siempre me acordaré de una escena de la película Alien, creo que es la segunda entrega, donde Sigourney Weaver y otros están atrapados en un compartimento mientras cientos de aliens intentan penetrar; entonces va y suelta un marine con la cara desencajada y llorando, a pesar de su metro noventa, cien kilos de peso, perfectamente armado y sobre todo con la insignia americana en el hombro “¡Oh Dios, esto es genial, no puede ser mejor, vamos a morir en esta lata con esos bichos…” A mí me gusta jugar con las ambivalencias que supone tener cierto conocimiento en etimología (estudio del origen de los significados de las palabras), y en las bodas…, las bodas son incalificables en lo que respecta al atuendo de determinadas invitadas. A tal efecto, y por pura condescendencia mutua las mujeres alaban los modelos de sus amigas y conocidas, en mi caso cuando el vestido es ya de concurso a la hortera del año tomo aire y digo “Es absolutamente estupendo lo que llevas”. Nutre la vanidad femenina como ninguna otra cosa piropearse entre mujeres.

Si supieran que estupendo tiene como significado que ver con quedarse estupefacto, aturdido, entorpecido y estúpido, y no siempre es ante la belleza, sino más bien lo contrario, algo estupendo sería algo pavoroso, ante lo cual no puedes reaccionar; entonces creo que serían capaces de abofetearme por mi grosería (inadmisible en estos contextos)

Lo sarcástico…es cuando interviene la perfidia, la insolidaridad y la ausencia total de empatía. Recuerdos de mi infancia me traen el comedor de mi casa donde se solían hablar de las cuestiones importantes en la comida (así de mal nos caía siempre), una de ellas fue un comentario de mi madre acerca de la lámpara del comedor. Opinaba que era vieja, estaba rota y la mitad de luces no iban. “Pues cuélgate tú, y verás que bonito queda”. Replicó. Me pareció tan disparatado que mi intento de carcajada fue rápidamente sofocado con un bofetón de mi madre. Me dolió mucho, pero no dejaba de pensar en la bestialidad de mi padre, que en ese momento me hizo tanta gracia.

Llegamos a lo cínico. En este sentido el cinismo se caracteriza por ser un sarcasmo pluscuamperfecto. En cierta ocasión, estaba sentada con unas amigas tomando un refrigerio (para no decir refresco y sonar más snob) mientras competíamos por contar chistes. Había un individuo al lado, podría haber sido de cualquier parte, de cualquier etnia, pero este caso era de la Andalucía profunda, cargado de mala leche, con la boca tan sucia como sus pensamientos, machista a simple vista, mirándonos como si fuéramos carne en un expositor. Repulsivo. El caso es que giró su silla hacia nosotras y dijo “mira niña, ahora te boi a contá un xíte bueno de berdá: ¿Por qué la mujere tienen la regla?…Porque por argún sitio tenían que reventá las muy hija de puta.

Le contesté sin vacilar y con los ojos clavados en los suyos “Así, te tuvo tu madre”.

En otra ocasión dejé de hablarle a un compañero de trabajo que me contó el siguiente chiste “¿sabes en qué momento disfruta más un pederasta follándose a una niña de dos años?… ¡Cuando le crujen las costillas!

En fin, viendo de qué se ríe la gente, podemos saber no sólo como son ellos, si no como somos nosotros, también.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: