Lo entiendo pero no lo acepto

          La gente en general piensa que envejecer es un estadio. Es como abrir una puerta y ¡ala! Ya eres  viejo. Pero no es así. Nuestro cuerpo se degenera célula a célula y vamos perdiendo facultades. Y  lo más importante es que nuestro tiempo vital se va consumiendo en ese goteo constante que tiene como fin la muerte.

          Vivimos en una sociedad donde el tiempo se valora menos que el dinero. Cierto es que lo uno sin lo otro, en nuestro sistema socioeconómico supone pobreza; indigencia; imposibilidad de acceder a los recursos que te permitan a un bienestar físico que a su vez supone un bienestar psicológico próximo a lo que podemos denominar “felicidad”. Esta reflexión nos llega a todos en algún momento de la vida. Por alguna razón, algo te dice que no te queda tiempo, que la vida se va, que vas a contra reloj y es cuando te haces la gran pregunta ¿Qué he hecho en mi vida? ¿Realmente he hecho lo que quería?

          Y es entonces cuando la parte más primitiva de tu cerebro empieza a enviarte mensajes de resignación, pues su trabajo es tu supervivencia, darte el anhelo de respirar, de querer seguir haciéndolo.

          Te resignas, bajas la cabeza y sigues tirando del carro como el caballo cuyos párpados caídos se limitan a mirar al suelo, con atención vacía. El corazón late, pero el alma dormida que despertó con las grandes cuestiones vitales, hace tiempo que abandonó la mortaja y ya no eres nadie. Ya no eres nada.

          O no. Quizás el rebelde que llevas dentro, el valiente que se volvió temerario y después busca ser un héroe levanta la cabeza al cielo y grita con la estridencia de un grito al universo ¡NoooOO! Yo no quiero vivir así. No me da la gana. No soy un esclavo.

          Soy libre y reclamo mi derecho a vivir en libertad y lo conseguiré de un modo u otro, sin piedad. Y oyes a otros que hacen lo mismo, también ves a los que callan, a los que ya no tienen alma y sientes más indignación por la muerte y por la vida de todos esos millones que te han precedido, que viven a tu alrededor y que están por nacer. De pronto, ya no hay soledad, no hay espacio. Es demasiado fuerte el reclamo de justicia de tu ser y no tienes miedo. Ya no hay miedo.

          Ya no hay miedo…

          Tan sólo una rabia intensa y profunda, inconmesurable, por todos aquellos cerdos que se rebelaron en la Granja y que ahora comen con los hombres, en la misma mesa, con los mismos trajes. Con su risa socarrona. Esos mismos cerdos que te instaron a luchar para defender la libertad, para defender tus intereses, tu bienestar.

          ¿Cuánto tienes que pagar para saldar tu deuda con la sociedad y el sistema y poder vivir ese tiempo que jamás has tenido para dar forma a tus deseos más humildes? Sesenta y siete años: esa es la condena del español para ser liberado. 67 años, pero como si son 65 o 64…

          Teniendo en cuenta la basura que nos dan para comer, las horas de trabajo mal-pagadas y no-pagadas; con una asistencia médica paliativa; sin tiempo para dormir, ni comer porque el eje de nuestras vidas es la producción. Quien no produce no vale nada. Ésa es la gran mentira que da sentido a nuestras vidas.

          Si no produces no vales nada. Y por eso establecen un sistema educativo que sea el justo para que seas productivo, nada más.

          Y así llegas a tu senectud, sesenta y siete años. Habrá tiempo siquiera para vivir una corta jubilación, cuatro paseos en autobús, cuatro viajes a ninguna parte, cuatro bingos, mucha artrosis, enfermedades coronarias, la próstata, el cáncer de mama, fibromialgia, esclerosis múltiple, alzhéimer, pero sobre todo la MORTAJA que te cubre.

          Vivir para morir.

          No es filosofía, ni una célebre frase, ni un adagio: es la frase  que reza en las lápidas, que cuelgan de nuestros cuellos al nacer.

          Con 67 años no importa si estás enfermo o sano, si estás cuerdo o estás senil. Los centros en España son las antesalas de la muerte y son peor que los purgatorios pues allí se concentran a todos. Y encima se les llama “afortunados” a los que allí residen porque hay una larga lista de espera y muchos mueren esperando.

          Mientras, todo el personal sanitario. Viven  anestesiados o con la Piedad de Cristo: van cuidando a estas personas sin esperanza. Unos lo hacen con más cariño y otros con menos, los hay incluso, con amor, pero siempre sin medios y sin espacio.  Vaciando camas y armarios, a la espera del “siguiente”.  Y luego hablan de los sepultureros ¡qué pena, los enterradores!¡¿y quién se compadece de todas estas personas que ven transcurrir el tiempo escaso de esas mortajas andantes?!!!

          Humanos son los pájaros también. Dijo uno. ¿Acaso no lo son los mayores y los profesionales que se ocupan de ellos?

          España, el orgullo, el mundo por montera. Derecho como un torero pero sin derechos como ciudadanos, viviendo en una derecha absurdamente cruel. “Levante la mano derecha y jure por…” Y, así,  derechos al exterminio, nos tumban derechos para meternos en el hoyo o en el crematorio. Derechos vamos a pagar Hacienda…Pero lo peor es que vivimos derechos con la soberbia de que somos inteligentes, que sabemos lo que hacemos, que tenemos lo que nos merecemos y que estamos contentos. Pues nos estamos yendo derechitos al desastre: a la estratificación social entre privilegiados y no privilegiados. “Derechitos a reputísima mierda”

          Porque mientras permitamos que nos jubilen a un paso de la muerte, mientras no dispongamos de RESIDENCIAS PARA VIVIR para todos aquellos mayores, viejos pero sanos; mientras no haya instalaciones adecuadas para los mayores que necesitan asistencia y mientras no haya psicogeriátricos en este país se está atentando contra la dignidad humana.

          Tendrá guasa la cosa que te jubilan hasta estando loco. Tal cual. Estás en un centro de salud mental (es un eufemismo de manicomio) y cuando tienes “la edad” te echan y te dicen que tú ya eres mayor que estás jubilado y te meten en ese “purgatorio” indiscriminado. Y si estás lo suficientemente colgado, pues mira, qué más te da, pero las molestias y el peligro potencial que supones a los demás, tanto al personal, como al resto de residentes es evidente  y además contribuyes a la calamidad que se vive en estos lugares. Y si ocurre “algo” tú serás el principal sospechoso, el culpable, el impresentable, lo intolerable, lo indignante tanto si se rompe algo como si se “rompe alguien”. Pues no. Vergüenza para este país, vergüenza para su Gobierno y vergüenza para todos los que lo vemos y no nos involucramos.

          Y tenemos una buena excusa: porque si uno se tiene que preocupar de subsistir, ¿cómo se va a solidarizar con los demás si apenas puede mirar el plato  porque sólo tiene quince minutos para comer?

          Bendita sea la maldita crisis que nos está aplastando a todos pues ya no podemos levitar en el manto de las apariencias. Y quien tiene puede y quien no tiene no puede. Ahora nos estamos dando cuenta de lo paupérrimo de nuestras vidas y ahora, por fin, después de décadas de misericordia fingida, de optimismo falaz, de unidad ficticia y de libertad pintada que es esta democracia, pedimos eso: DEMOCRACIA.

 

 

Una respuesta to “Lo entiendo pero no lo acepto”

  1. gav Says:

    Sin duda este es el verdadero sentido humano de la vida. Nos creemos muy inteligentes y que hemos evolucionado mucho desde el origen de nuestra especie, pero si nos miraramos como si estuvieramos en los ojos de un científico en su laboratorio, lo que veriamos es nuestra simpleza y arrogancia, en que nos creemos algo, incluso la palabra “humano” la asignamos unas cualidades que no lo somos ni con nuestra propia especie.
    Somos esclavos de nosotros mismos.


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: