Sole Sánchez

24 Agosto 2011

 Me llamo Sole Sánchez Mohamed

          El secreto de la vida no consiste sólo en vivir, sino en saber para qué se vive. Eso me dijo un amigo ruso del siglo XIX. Feodor comprendía bien su mundo manifestando una incomprensión absoluta de los sentimientos que nos mueven y de la indigencia congénita que sufre nuestro espíritu. Él me contó a través de Las pobres gentes el significado de ser pobre, pobre de verdad, de la inclemencia de no pensar en otra cosa que en el frío y en el hambre, en la humillación a la que uno se ve sometido cuando no tiene nada.

          Ahora, no es muy diferente, la pobreza que sufrimos es más variopinta. Si nos vamos al campo de refugiados de Yemen podemos entender ese concepto de la forma más descarnada posible y quizás jamás volvamos a quejarnos de “nuestra pobreza”, jamás volveremos a abusar de un plato excesivamente lleno y mucho menos tirar comida. Y en cuanto al agua…no derrocharemos ni una gota, ni una sola. Nunca más.

           En este sentido puedo decir que sé qué se siente cuando en casa no hay nada. Mi niñez fue muy dura, porque no es lo mismo estar en un campo de desahuciados que vivir en una sociedad donde “todo el mundo tiene”, esa falta de solidaridad se hace impenitente. Tienes que inventarte tantas cosas, desear tantas cosas, concebir tantas mentiras y excusas. Todo; cualquier cosa por “ser como ellos” o al menos parecerlo. Con el tiempo la impostura practicada es ya tan habitual que te conviertes en tu personaje y tu yo desaparece, se desvanece en la vastedad de tu alma.

          Creces, inconsciente, feliz, complacido porque perteneces a esa masa social. Y sí, puede que prosperes, que obtengas todo aquello que te faltó, pero ¿qué importancia, qué sentido tiene comprarse un juguete que anhelaste durante años o…decenas de pares de zapatos cuando en su día te hicieron falta sólo un par, para taparte del frío y no los tuviste, no había dinero?

          Ciutadella es un pueblo de pobres de esa clase de pobres a la que yo pertenezco, pues también soy parte integrante de ellos. Cinco o seis familias de nobles, algunas más que prosperaron empresarialmente, pero la inmensa mayoría vivía hace cuatro días del campo bajo la servidumbre de sus señores feudales, literalmente.

          Una incipiente revolución industrial del calzado y la bisutería, sumada al crecimiento del pueblo, atrajo a peninsulares o “forasters” como los llaman ellos y así, peseta sobre peseta, nuestros abuelos se desvincularon de la esclavitud más directa y empezaron a “poseer”: Un pequeño huerto, una casa en el pueblo.

          Muchas calamidades, mucha hambre se pasó y mucho sacrificio y todos sumergidos en la gran farsa de “qué bien vivimos”.

          “Mi madre está obsesionada con la máquina, todo el día cosiendo zapatos, estoy harto de tener que comer cada día sopa de fideos de sobre con pan duro” Éste es el comentario que me hizo hace unos seis años un chaval de Es Castell. Odiaba los sacrificios que se tenían que hacer para pagar la puñetera casa, los muebles y la barca. Signos evidentes de desnutrición en dientes, maxilares enjutos, crecimiento anormal de las extremidades, piel cetrina y ojos muertos, como los cabellos oscuros que crecían con desgana y hacia ninguna parte sobre unas pobladas cejas…”Tengo hambre y ella solo piensa en la casa, ojalá se queme…al menos cuando viene alguien comemos,¡ entonces sí que comemos!, pero ocurre tan pocas veces” Me contaba detalles de su vida, pequeñas cosas que aunque no hieren acaban llagándote y sentía una profunda pena por aquel chico.

          El tiempo pasó, como siempre lo hace, sin mirar atrás y en ese oleaje de las casualidades me encontré de nuevo con él. Joven y viejo a la vez. Igual de enjuto, igual de destartalado pero con una amplia sonrisa con los dientes recolocados y bien blancos, sus ojos tras una Ray-ban de tipo aviador, una camiseta Ives Sant Lauren, unos Levi´s y una mala imitación de calzado de Timberland. Verlo así hizo que mi sonrisa cayera fundiéndose como lo haría un rostro de cera, desdibujándose en una mueca de dolor.

          Me miraba pletórico, como lo haría un héroe, triunfador en la batalla alzando los brazos, de pie sobre un montón de “perdedores” de “caídos”: él había vencido.

          Pero no era verdad.

          Mientras me hablaba animadamente que ahora no era el pringado de clase, que había dejado el instituto, que trabajaba en una empresa que le haría rico – Herba life, una empresa de tipo piramidal- que sólo necesitaba tener su cartera de clientes y ya estaba. Había estado en convenciones donde los supuestos trabajadores con rendimientos que se habían adaptado al programa habían logrado ser millonarios. Todo era posible. Además estaba ahora con las juventudes del PP y allí se sentía integrado porque si eres del PP es que tienes pasta y cultura y te miran de otra manera. Y lo mejor es que siempre están haciendo comidas y catering –que es como se le llama ahora a poner una mesa con cuatro cocas de tomate, una bandeja de panecillos de sobrasada, vino, unas copas y poca cosa más, dependiendo del nivel, claro, o de la imagen que se quiera dar-, y que allí comía “gratis”. Que tenía un montón de fotos con gente importante y que algún día sería rico y famoso. Sabía que con Herba life y el PP llegaría lejos. “Para qué quiero estudiar más, no es necesario aquí estoy bien”

          “Ahora te has comprado un disfraz de pijo barato y pasas desapercibido. De momento te toleran porque eres útil para hacer los trabajos de lacayo, dar continuidad al PP, al menos como imagen pero nunca entrarás en unas listas, ni te colocarán en ningún sitio, hay demasiada gente delante de ti…En cuanto Herba life, siendo un sistema piramidal y tratándose de una empresa que trabaja con la salud de las personas, debes ser responsable de lo que vendes y a quién, es tu cara la que van a ver…” Se había convertido en una rémora. ¿En qué iba a consistir su vida?, ¿en lamerle el culo a todo el mundo y a la vez a despreciar a aquéllos que sí fueron sus amigos, que se lo llevaban a sus casas para merendar, sabiendo que apenas había comido?

          En ese momento lo vi más pobre y miserable aún, como veo a muchas personas que se matan por las apariencias pensando que alquilando un esmoquin ya forman parte de la alta burguesía. Procurando no romperlo, no ensuciarlo para recuperar el dinero del depósito que han dejado por el alquiler. Pero los delatan los zapatos, pretenciosamente brillantes, los gestos artificiosos y fuera de lugar, sus miradas fascinadas ante  largas mesas de manjares: su hambruna los delata. Al igual que su sintaxis, la temática de sus conversaciones, la impertinencia de sus opiniones y el entusiasmo al estrechar la mano de algún importante, amenazando con romperle el brazo con tanto zarandeo…Y así se sienten integrados e integrantes, orgullosos de sus logros.

          Y son aprovechados, ¿por qué no? Hoy en día los criados son gratis, basta ser alguien para estar rodeado de “esa clase de amigos”, una pequeña corte donde no falta ni el bufón. Y que, para más inri, te invitan ellos, te agasajan, te miman “Déjalo; ya lo pago yo, o ya lo hago yo”…

          Mi severidad se hacía patente con cada palabra suya. Hasta que paró y me preguntó por qué no estaba contenta por él, acaso le tenía envidia. No pude evitarlo solté una carcajada y reí tanto que me dolían las entrañas. Dios, que absurdo era todo aquello. Mi imaginación se derramaba por lo esperpéntico y no podía mirarle. Perdí totalmente la compostura.

          ¿Envidia yo? “Félix, yo ya he pasado por todo eso, siendo casi una niña, y no te voy a decir lo que debes hacer, ni siquiera lo que te va a ocurrir. El desengaño es inefable, entendido sólo por quien lo padece, es igual que todos los males.” “No te entiendo, siempre hablas raro – se indignó y empezó a renquear enseñándome los incisivos inferiores- libros, sólo tienes libros, palabras, sabes mucho de todo, pero mírate, no tienes nada, no eres nadie y sólo te gusta insultar, ya me han hablado de ti los del grupo, eres una “freaky” y nadie te toma en serio” “Y ¿para qué debería tomarme alguien en serio?, si así fuera ¡el índice de suicidios se dispararía!,¡ los ataques violentos se multiplicarían!, e incluso habría revueltas, o una revolución, ¡el caos! “ Le dije forzando la voz como los malos actores que pretenden ser grandilocuentes, elevando la voz y haciéndola más grave arrastrando la cacofonía para parecer “más malos”.

          Con una excusa, sin clase, como se suele decir, prosiguió su camino caminando como si las articulaciones de sus piernas se rozaran dolorosamente hasta el punto de dificultar el movimiento de tal forma que parecía un tosco muñeco que andaba a pilas.

          En realidad, eso era: un muñeco.

          Lo importante no es vivir, es saber para qué se vive… ¿para qué vivo yo? ¿Para qué vives tú que lees esto? Yo no quiero ser un lacayo, ni un bufón y mucho menos un simple muñeco.

          No quiero arrastrarme nunca más. Pues aunque tenga que andar desnuda y desnutrida tengo un espíritu henchido de dignidad.

          Que no es lo mismo que orgullo, que hace pequeños a los grandes y ridículos a los pequeños. No es orgullo, es dignidad: el reclamo desafiante de que nadie, absolutamente nadie me va a volver a pisar.

          Y llegados a este punto te pregunto a ti, lector de mis locuras, ¿tienes dignidad o sólo tienes orgullo? Yo he podido comprobar que las mentiras que uno se cuenta a sí mismo, son sangrías que debilitan el alma. Día tras día, un corte más con cada mentira. La sangre cayendo al vacío, y chocando con un silencio viscoso en la letrina de lo mediocre y vulgar. Y llega un día que no sabes ni tu nombre, sólo el que te dan.

          Dime, ¿orgullo o dignidad?

          Amigo, este mundo es el infierno y purgatorio de Dante, cuídate pues no tienes acompañante alguno que te muestre el camino ni que te dé cuidado.

30 Julio 2011

Me llamo Sole Sánchez Mohamed

Hoy he ido de compras (queda bien, en realidad son los clásicos mandados que te agotan) y en medio de las clásicas conversaciones que suelo tener con los comerciantes y sus empleados, adquiriendo pintura para seguir con el Escorial -eufemismo de mi casa, que nunca se va acabar de hacer-, me han comentado que saben de muy buena tinta que soy accionista mayoritaria de Caixa Colonya. Sin duda, es la mejor entidad bancaria que hay, un banco ético, donde tratan muy bien a sus usuarios, e invierten grandes cantidades en obra social de forma constatada. Lo mejor es que no usan tu dinero para financiar compra de armas, golpes de estado, expoliación de recursos naturales de otros países…En definitiva, un banco decente, que me suena hasta a mí raro decirlo.

En cuanto a lo demás sólo son memeces: el otro día me tachaban de que acabaré en el Interviu; otro que si tengo una nave industrial ilegal en la calle Alayor;  no sé cuántos negocios, y ahora, además, tengo un banco. Eso sin mencionar las disputas que se han ocasionado por establecer mi modus vivendi…Todo especulaciones. A este paso me relacionarán con Bill Gates o Gadafi, o con ambos… ¡Ah! Y lo mejor, dado mi estupendo físico, y rostro maravilloso he de tener que ejercer la prostitución de alto standing, comentario que le costó al bocazas de turno  un swing en los riñones que lo dejó en  el césped gimoteando como una parturienta durante casi media hora…Por supuesto allí finalizó la “conversación”.

En fin, la gente vive muy despreocupada, porque si no ¿cómo pueden tomarse tantas molestias hablando de mi persona?

No hay misterios en mí, bueno, sí…confieso tener uno: y es que a pesar de la gran densidad de jilipollas que hay por metro cuadrado en el mundo, incluso a ellos les deseo una vida mejor, ser felices y vivir satisfechos. Mi única labor es luchar por un mundo mejor para todos. Entiendo que dentro de la idiosincrasia de mis compatriotas esa idea no tenga calado. El individualismo y la violencia gratuita están al orden del día. Si queremos mejorar empecemos por autojuzgarnos y seguro que llegamos a la conclusión de que somos demasiado necios: mientras el estado y las grandes multinacionales y bancos nos roban descaradamente y de forma totalmente legal, nos dedicamos a discutir sobre la intrascendentalidad más obscena posible.

11 Julio 2011

Me llamo Sole Sánchez Mohamed

Hace calor. Hace languidecer. Los pensamientos y recuerdos se arremolinan como el preludio de un cataclismo, el cielo oscurece en la mente y no deja espacio a ninguna luz de razón. La tristeza ha llegado. No necesita carta de presentación. Dueña de sí misma, altanera y tenaz toma asiento en silencio con  lágrimas que se derraman por las paredes, y llegan al suelo. Observo con indiferencia cómo se inunda todo. Una habitación victoriana con una cama con pérgola en medio, un diván y una mesita redonda de caoba donde se eleva una pequeña copa de cristal labrado en mil diamantes con restos de algún remedio medicinal. El color rojo intenso de los tules deja de moverse bajo el agua que los cubre, apagando su vida como una vela exhalante. El armario. Tantos vestidos, tantos zapatos y tantos lazos que flotan sinuosamente en el llanto insondable. Ella siempre lleva un vestido de terciopelo azul, sus manos finas y blancas vienen siempre escondidas dentro de guantes negros para disimular su gelidez. En su rostro limpio y suave la mirada rotunda de su soledad llamea a través de unos ojos oscuros e inquietantes. Su cabello rigurosamente peinado y recogido en un moño bajo y austero deja entrever la piel anacarada, casi transparente bajo la cual no parece existir nada dentro de ese cuello erguido y fino, carente de palpitación, de movimiento. Rígido y sin embargo grácil como las desnudas estatuas griegas muertas bajo la piel auténtica de sus lápidas.

No hay lugar ni destino para quien está desesperado.

No hay nada excepto el  dolor colmando la estancia, espoloneando incesantemente  contra los oídos que amenazan con romperse igual que ya lo hiciera el pecho un día. El patíbulo está preparado y quien debe estar ha llegado ya. No hay misterio en un final así. Nada acontece, pues nada se espera. Por fin, los sentidos se adormecen y la lucha empieza a  ser menos intensa. En la estancia acuosa veo flotar mi cuerpo en silencio. Qué bella imagen: mis vestidos y mi cabello ondean con suavidad y lentitud en una oscuridad total y sin embargo visible. Mis ojos abiertos, sin sorpresa, sin desmán, sin ahogo…muertos ya.

 22 Junio 2011

Me llamo Sole Sánchez Mohamed

 

Los momentos que importan

Hace unos días, acercándome a una barra de un conocido bar de la localidad, me encontré con un comerciante. Su pesar se evidenciaba en el cansancio de sus ojos y en la contención de un llanto que procedía de lugares muy profundos. Burbujeaba tristeza llenando su copa con una cerveza. Cansado de vivir.

Mentira: cansado de existir, de no haber vivido, de plantarse en los cuarenta sin haber conseguido ese instante de felicidad anhelado por el que todo ser humano espera conseguir para poder decir que su vida sí ha valido la pena. Ése era él: un hombre cansado. Hablamos sobre economía, política…aunque al final acabamos hablando sobre el sentido de la vida, el porqué de todo. Ambos llegamos a la conclusión de que vivimos en un sistema donde el autónomo no es más que un esclavo del sistema, que vive en la ficción de un bienestar que aunque puede ver, no puede ni oler ni tocar. ¿De qué sirve poder comprar una casa, unos muebles, tener cosas, comodidades si al final careces de tiempo para poder disfrutarlos porque hay un montón de deudas pendientes? Y es entonces cuando entras en la cuenta de tu pobreza. Una pobreza absoluta.

En ocasiones me siento así. Mi humildad me dicta que sólo soy un pequeño sillarejo de esa inmensa catedral que es la Humanidad. Sin embargo, igual que ese hombre no puedo evitar ese sentimiento de tener una existencia absurda y que de ningún modo me pertenece pues es del Estado, de Hacienda, del Banco y de la Ley Social…Y siento el peso de todo ese mundo sobre mí, la angustia de tener la certeza de que no hay salida. Condenados a vivir y a no morir, diseñados para durar y producir: nada más.

Durar y producir.

Y entonces me asaltan sentimientos tajantes que laceran todo mi ser, mi existencia y el sentido de mi vida. “¿Para qué?” La gran pregunta. “¿Para qué?”

Siempre nos concentramos en las causas, intentando entender por qué nos encontramos tan mal, por qué somos tan infelices y olvidamos lo más importante. La finalidad. Porque cuando entras en una tienda, cuando te tomas un refresco, cuando te sientas en el banco de un parque o haces la compra, no te haces esa pregunta, no te cuestionas si todo eso te sirve realmente para algo, si va a suponer una inversión para tu felicidad, tu paz y serenidad anímicas.

Bueno, de eso ya se encarga la publicidad. Descartes dijo “Pienso, luego existo” y el humorista catalán “L´Eugeni” decía “Imagínense la gente que no existe y no lo sabe” Y el público partiéndose de risa, consciente de su propia estupidez y la carencia absoluta de conciencia de sus patéticas vidas. En ciertas ocasiones cuando la cordura me asiste y miro a mi alrededor no veo más que superficialidad, tantas cosas innecesarias y absolutamente imprescindibles. En esos instantes siento el vértigo de la conciencia que me arrastra hacia una realidad grotesca y me azota implacablemente por ser quien soy, hacer lo que hago y estar donde estoy.

Nuestras misérrimas vidas, con toda su apariencia de bienestar, se sustentan gracias a la pobreza de millones de personas. Y nosotros sólo estamos sobre sus hombros. Es tan fácil caer. Tanto…que nadie se atreve ni a planteárselo. “A mí no me va a tocar” ”No va conmigo, yo estoy bien” Y nos vamos rodeando de una insensibilidad que nos anestesia de la realidad hasta el punto de poder estar en el metro de Barcelona presenciando una violación, sin inmutarnos, con los ojos vacíos, el corazón mudo y el alma ciega. Dios, cuánta soledad puede llegar albergar el ser humano.

Humildad, la humildad de saber que somos tan poco y sin embargo capaces de sentir tanto, pero renegamos de nosotros mismos cada vez que le damos la espalda a la verdad. La única verdad: no estamos solos, formamos parte de una obra colosal y perfecta y nuestro sentido vital se encuentra en la misma existencia del que tenemos al lado. Su bienestar es el nuestro; su felicidad es la nuestra; sus derechos, los nuestros porque apoyando al de lado, al de arriba y al de abajo es como somos fuertes y nobles y entonces dejamos de ser un simple ladrillo para ser una catedral entera, pues de ella participamos, somos, estamos. Es el bien común, no hay otro camino el que nos conduce a la felicidad, a ese bienestar grácil y sereno, sin euforias sin sentido, ese instante único en el que somos capaces de sonreír desde nuestras almas y mirar el mundo entero con gratitud y admiración.

 

 

6 Junio 2011

Me llamo Sole Sánchez Mohamed

Mientras espero tener una reunión con uno de los directivos de las asociaciones que luchan contra el cáncer, estoy aquí sentada en la tranquilidad del bar de Reno, mítico lugar del pueblo. Una señora que vive en Valladolid pero que es de la isla se ha levantado y se ha acercado para darme la enhorabuena y su apoyo a nuestro trabajo. Efusiva y pletórica me abraza y le correspondo, sin embargo en mi foro interno me parece una situación surrealista.

La popularidad, la fama, el ser conocido estimado u odiado, en cualquier caso, ser un ente público es algo que no entiendo muy bien aún. Especialmente cuando se habla de mí. “En Castilla y León no se habla de otra cosa, el Mundo acaparó la atención nacional, y tu reclamo, bueno eso de los -dos argumentos- fue un gesto muy reivindicativo, muy bien, porque en mi pueblo la gente aún van un pañuelo en la cabeza…figúrate”. Me figuro, me figuro…aunque ni en el más alucinado de mis pensamientos hubiera pensado que esto fuera así: para bien o para mal, cada uno lo ha pillado por donde ha querido.

Hoy está nublado, sigo sacando la ropa de verano, y batallando con el polvo. Recuerdo la vez que fui a Mahón para hacerme las pruebas de la alergia. Iba con la que entonces era mi suegra y que tenía la puñetera manía de conducir como si acabara de robar un banco. Fue inevitable: a la entrada de Mahón y tras un fuerte espasmo vomité estruendosamente. El parabrisas tenía trozos de naranja, tomate e incluso macarrones…salió de la carretera, abrí la puerta y nuevamente, otra embestida, tan fuerte que casi me caigo a la acequia. “Supongo que no querrás ir con esa pinta al médico” ”¿Qué?, con lo que me ha costado venir, voy a ir al médico pero ya” Total, que allí llegamos. El coche tenía el aspecto de haber estallado una  bolsa de basura en su interior; yo con la cara desencajada, restos de vómito en el pelo y en las solapas y mi suegra…con una  cara de circunstancia…

Entramos, bueno, mejor dicho entré, ella ya se rezagaba de la vergüenza ajena que sentía supongo. Y lo primero que me pregunta la asistenta es si vivo con caballos. “No, lo que ocurre es que me mareo mucho yendo en coche y  he vomitado” No quería que pensara que fuese una marrana. Me miró con cierta desaprobación. “¿No vive con animales?” La pregunta empezó a preocuparme. Vale, apestaba, apestaba muchísimo, pero no creo que fuera un indicio de tener que estar viviendo con animales, es más, creo que incluso los animales se hubieran escandalizado con el aspecto y olor que desprendía. Estaba desconcertada y algo molesta.

Ante la confusión no dije nada. Prosiguieron las pruebas. Ambas en silencio. Me dejó unos instantes en los que  me puse a examinar la habitación: desde los zócalos mugrientos hasta corte de color verdoso de las paredes con el blanco tísico del techo.

Por fin volvió. “Es alérgica a los ácaros, en realidad a una toxina que se haya en las heces de los ácaros, por lo tanto higienice su casa a menudo, nada de peluches, ni mantas con pelo. La reacción será más agresiva cuanto más viejo sea el residuo” No dije nada, hice un ademán de gracias y salí de allí. De vuelta a casa dentro del coche basura, mi pelo pegajoso, mi ropa hecha un asco y una suegra indignadísima por haberle hecho eso “SU COCHE”, me adentré en mis pensamientos ¿qué podía hacer?

Cómo puede ser que una simple toxina que se encuentra en los truños de esos bichos microscópicos pudiera ser tan “efectiva”.  En cierto modo las ideas funcionan igual. Todo empieza en un lugar minúsculo y sin importancia, de hecho no tiene nada de particular y poco a poco va calando. Va calando y se convierte en una amenaza para el sistema. Vivimos en un país cuyo sistema inmunológico es muy curioso: los políticos son unos ineptos en el mejor de los casos y, en el peor, unos ladrones. Y en eso basamos toda la pésima gestión. Soy alérgica al polvo; soy alérgica a la política. Y así, sin darse uno cuenta, se aposentan, procrean y se propagan ante el estoicismo del pueblo que está convencido de que los políticos como el polvo han de estar en todas partes y que son inevitables sus males.

Mentira. Es la forma flemática de aceptar una situación lamentable. Nos comportamos como burros moviendo la cola de lado a lado, monótonamente mientras infinidad de parásitos nos comen los ojos, chupan nuestra sangre y desgarran nuestras pieles. Pero aguantamos, a pesar de no ser burros, aguantamos. Y como el burro, llegamos a la conclusión de que mientras haya pienso, aguanto lo que me caiga. Pero ahora que no lo hay… es cuando el burro filósofo sale y dice levantando la cabeza suspirando “Pienso en el pienso”. Y es cuando empieza a cabrearse porque no teniendo qué comer, con los costillares a la vista, los bichos siguen mordiendo y sorbiendo. Y ya no se aguanta más, empieza a revolcarse en el barro, refregarse en la corteza de los árboles y a rebuznar indignado.

Si hasta un burro entiende eso, ¿qué no podrá entender un ciudadano? Hay que actuar. Primero te venden repelentes, luego antiestamínicos, cortisona, si es grave…pero la clave es mantener limpia la casa. La prevención es preferible a la profilaxis. Una nueva organización, un nuevo mobiliario, unas nuevas formas de vivir pueden hacer de un enfermo un persona sana y feliz. Lo mismo ocurre con un país, si cambiamos los esquemas, la forma de dirigir, la forma de contemplar lo que es realmente importante, entonces lo habremos conseguido y nos habremos deshecho de los indeseables.

Un pensamiento es sólo eso, pero cuando es compartido, cuando es asimilado, cuando es venerado y por el que se lucha, entonces ese pensamiento se convierte en un inmenso puño de hierro que cayendo pesadamente dice “¡BAAASTA!”.

La ansiada libertad, el auténtico ejercicio de la democracia, ya no es solo una idea, es la reivindicación de miles de personas. Personas con nombre y apellidos que se están levantando para descubrir que hay otra vida diferente a la de vivir de rodillas. Siglos de proselitismo, de subyugo a negreros con diferentes nombres, diferentes dueños pero siempre una misma consigna: sacar el máximo rendimiento a nuestras vidas.

El máximo rendimiento. Tanto si estás enfermo como si estás sano, tanto si eres joven como si eres viejo, si eres rico como pobre, pero siempre encontrarán la manera de sacar partido. Y si ello no es posible, simplemente no existes.

Un ejemplo muy concreto: el xenofobismo y el racismo pujante. ¿Quién lo fomenta? El Estado. ¿A quién le interesa? Al Estado. Debido  a las políticas de doble rasante de la entrada de personas de forma ilegal, se fomenta una economía sumergida que interesa demasiado a las principales empresas, principales inversoras de las grandes entidades políticas, el dinero negro va y viene y es esa clase dinero que nadie te reclama en tu declaración de hacienda.

Mientras el drama humano de millones de inmigrantes que llegan a este país para ser ESCLAVOS. Con su presencia, los primeros desplazados laboralmente son los obreros de bajo rango. La queja es inmediata,” los culpables son los inmigrantes, Cáritas sólo les da comida y ayuda, entran en los colegios que les da la gana, tienen prestaciones sin pagar un solo euro y yo hasta los 67 currando si quiero cobrar una mierda de pensión. El odio se genera y es real la confrontación social. No hay intercambio cultural. Creación de guetos, barriadas cerradas donde no entra ni Dios. Delincuencia. Más pobreza. Bien por cultura, bien por falta de medio el índice de natalidad se dispara en estos sectores, recibiendo supuestas ayudas estatales y generando más indignación. ¿Son ellos culpables? ¿De qué? ¿De jugarse la vida y ver como la pierden compañeros suyos en el trayecto hacia un mundo mejor? Han sido engañados. Igual que nosotros.

En estos momentos, nuestro  gobierno está negociando infinidad de contratos muy “controvertidos” donde los beneficios fiscales son evidentes. Por ejemplo, con Marruecos: industrias textiles, de calzado y del ladrillo se están asentando allí. La nueva Costa del Sol se está creando en el otro lado del litoral. Ante nuestras narices y con nuestro dinero. Mientras se aplica la política de la manga ancha o la vista gorda con respecto a la llegada de inmigrantes a quienes se les promete trabajo y buenos visados. Mentira. Sólo es gente que llega en masa con sueños en los bolsillos. Se estima que en unos cincuenta años, la mitad de la población española será de origen árabe, de religión musulmana. ¿Debería ser un problema? Definitivamente, no.

En el proceso de romanización, la clave fue la transigencia al obtener la ciudadanía, el título que te convertía en un individuo con derechos, pero también obligaciones. Lo que implica que la ciudadanía romana estaba a un mismo nivel. En España, el problema no es la presencia de otras etnias, sino su imposibilidad de regularización. Eso implica trabajar a cualquier precio, en el mejor de los casos, en el peor engrosar el cuerpo del Hampa español. Y todo el dinero que se genera allí, desde drogas, robos, prostitución, venta de órganos, pedofilia…etc. Todo ello lo está generando EL ESTADO ESPAÑOL. Ellos están haciendo crecer la inestabilidad social, el paro, la inseguridad ciudadana inyectando el miedo a lo diferente, fomentando el fascismo y el social nacionalismo.

Todo ello es difícil de entender cuando ves que es tu plato el que está siendo arrebatado, no te importa quién es responsable, sólo la mano negra, o morena, o macilenta que lo está cogiendo. No caigamos en la mierda de siempre. Aunque sólo sea por una vez, apartemos la vista del plato y levantemos la cabeza para ver quién distribuye los alimentos, quien los procesa, quién los cocina…Y nos daremos cuenta que en la cocina todos están gordos y lozanos, mientras que al otro lado, en el comedor social que es este país…la gente se está matando por un mendrugo.

“Pienso en el pienso”, dijo el burro.

24 Mayo 2011

Me llamo Sole Sánchez Mohamed

Tras elecciones locales, los resultados y tooodo el trabajo la falta de tensión y presura me otorgan una sensación de ingravidez inusitada. Transito por las calles, las mismas personas, las mismas sonrisas. Y me alegra. La sede ha sido recogida pues, en realidad, hemos trabajado todo el tiempo en la calle, y en los espacios que nos han cedido para hacer fotocopias, impresiones, dejar los bártulos…Las diferentes empresas que han trabajado con nosotros y que han nos han prestado su apoyo, nos han deseado suerte siguen estando allí, y siguen teniendo esa complicidad y cariño.

Son ochenta votos. La gran noticia. Nuestro plan siguen en marcha justo donde queríamos. Mientras nos van llegando correos llenos de hiel, regodeándose de nuestro supuesto fracaso, otros, en cambio, manifiestan la indignación por un pueblo tan falto y poco considerado. Pero la verdad es que aunque ambas posturas son extremas a ninguna le falta razón. Aunque el fenómeno de Ciutadella ha tenido lugar en toda España: ha sido tal desazón contra el Sr. Zapatero que ya no por castigo, sino por rabia, se ha votado a la oposición de una forma visceral. Algunas personas de la localidad me comentaban que los partidos pequeños como el nuestro no tenían cabida en un problema de tal envergadura como el que se había ocasionado durante esta legislatura, no podían arriesgarse, muy a pesar de la afinidad y que nuestra postura era demasiada “ambigua”, palabras textuales e “incomprensible” como poder infundir el sacrificio de sus votos. En nuestro pueblo el número de nulos ha sido importante. Y nos alegra, a pesar de todo, porque indica que más gente ha querido manifestar su descontento. Las manifestaciones que aún se mantienen, las revueltas del norte de España como las de Vigo y de otros sectores como el minero, el transportista, el aéreo…: de algún modo España se ha levantado contra el sistema, nosotros no hemos sido la clave, ni mucho menos, pero sí que hemos sido, entre otros, que nos hemos organizado para entrar a este baile de etiquetas que es la política, pero sin protocolos ni pajaritas, con un saco, y en mi caso ni eso.

Me preocupa, especialmente, lo que va a ocurrir ahora. Porque el PP nunca ha tenido plan alguno en esta legislatura. En nuestra localidad se ha limitado a imitar, o mejor dicho, tomar ideas de nuestro programa, al igual que otros grupos políticos. Me satisface, pero no lo suficiente, pues una cosa es saber qué quieres y otra distinta saber cómo lo vas a conseguir. Si todas las promesas van a suponer una congelación de impuestos, tasas y demás o incluso su bajada y va a ser a costa de reducir más las prestaciones sociales, sanidad, cultura y educación…entonces ¿qué se habrá conseguido? ¿Si antes poco, ahora nada?

Cuando hablamos de economía, inmigración, paro…lo hacemos como si fueran palabras abstractas, como mucho gráficos como forma tangible de una realidad. Pero esa realidad son los millones de personas que viven en este país, los millones de personas que están sufriendo. No son estadísticas, ni balances ni opiniones a la ligera de economistas, sociólogos y demás.

Millones de personas.

Yo sigo viendo a ese hombre de ochenta y dos años sentado sobre una caja, pegando tacones y suelas con “curxu”, como llamamos aquí al adhesivo de contacto de penetrante olor. Ese hombre sigue allí, sentado sin ventilación, sin más esperanza que acabar la jornada por un plato de sopa con gachas. Y me desespero, me retuerzo de dolor al pensar en todas las personas que siguen y van a seguir estando mal, y su situación va a empeorar aún más.

Hoy, ha venido una vecina a pedirme algo de dinero. “No conocemos a nadie más” Yo soy una trabajadora más. Pago autónomos, trabaje o no, sin prestaciones, sin derechos tan fundamentales como una defensa jurídica, o paro o una baja en condiciones…Lo poco que tenía lo invertido en este proyecto, todo mi tiempo mi esfuerzo, mi sueño, mi salud y contemplo con orgullo las ampollas y heridas de mis pies y pienso en las de mis compañeros, y los miles y miles de dípticos, cartas y panfletos que hemos repartido…Al menos, me queda saber que mucha gente los ha leído, unos se han reído, otros se han indignado más y los menos, en su ofuscación, los han apartado como si fueran los evangelios de Satanás.

Le he dado cuarenta euros “Al menos que coma la niña, nosotros ya nos apañamos hasta final de mes”.

Siento vergüenza, porque a pesar de mis penurias, las hay mayores y tocan a mi puerta. ¡Dios, me siento tan impotente! Y no puedo evitar pensar en mi niñez, en esos libros de escuela que no llegaban, en las navidades con las almendras rellenas de turrón que nos regalaba el casero cuando vivíamos en la calle Joan Benejam, que entonces se llamaba “ocho de febrero”, en la parroquia de Sant Francesc y en cómo nos ayudaba su párroco Don Fernando, con bolsas de comida, ropa…incluso el vestido de comunión, que me iba larguísimo y que no se podía tocar, porque teníamos que devolverlo. “Somos ricos decía yo”, cuando aparecía mi madre o mi padre con la cesta de la compra. “Hay que administrarlo”, decía mi madre. Pero me sentía bien, dichosa. Comida en casa y un techo. Recuerdo la humedad de esa casa que acababa con mis pulmones y el sofoco estival…pero era mi hogar, mi familia y cuando las cosas no se “torcían” me sentía feliz. Una libreta, mis libros de escuelas…pintar y escribir.

¡Qué broncas me metían en casa…! “Déjate de tanto escribir y tanta tontería” Hay que trabajar, buscar un marido…las cosas que hacen las chicas…” Las cosas que hacen las chicas…

19 Mayo 2011

Me llamo Sole Sánchez Mohamed

A menudo nos enseñan imágenes de personas decrépitas del tercer mundo viviendo en condiciones paupérrimas; pero  siempre en lugares remotos. La reacción habitual es lamentarse, encogerse y en el fondo pensar “Menos mal que a nosotros no nos pasa”, habitual pensamiento cínico y egoísta. Así somos…

No me gustan las jerarquías, ni clasismos, no creo que deban existir élites de ningún tipo. Apuesto por lo que actualmente se denomina como “jerarquía horizontal”: todo el mundo tiene un cargo, una responsabilidad, pero todos iguales como personas. Me vale eso. Pero me resulta aún mejor, que si uno quiere ser líder en algo debe saber estar en cualquier lugar y practicar con el ejemplo, trabajando incluso más que los demás en todas las tareas. En una campaña electoral la tarea es ardua: desde la elaboración de los estatutos, todo el proceso administrativo para legalizarlo, la ideación, los motivos, los medios; la fase de gestación es muy difícil, y sin embargo fácil cuando tienes claro algo: si consideras a un pueblo como un todo y a su vez como un conjunto de individuos, todos diferentes, aunque esencialmente iguales; si se es capaz de entender eso, entonces tienes probabilidades de que salga algo bien.

Después poner en marcha eso supone dinero y tiempo. Supone apoyo y fidelidad. Supone comprensión y convencimiento.

El apoyo económico es un tema extremadamente delicado. Especialmente cuando se trata de grandes empresas. Pero, cuando alguien viene y te dice “Estoy harto de luchar contra el sistema, quiero justicia para mí y para todo el pueblo” y no hay contraprestación alguna, excepto cumplir tu palabra…entonces es sobrecogedor. Pero eso no ocurre nunca. Siempre hay una deuda, un reclamo una exigencia. Por pequeña que sea.

Pero nosotros no hemos pasado por el tubo. Empezamos con un gran empujón, sin embargo, hemos preferido recurrir a nuestros sueldos, a nuestros ahorros, a nuestro tiempo y lo hemos dado todo. Y cuando se trata de gente humilde como nosotros, el sacrificio es realmente importante. No nos lamentamos, estamos contentos, pues lo que cuenta no es resultado, sino la convicción de que lo que haces tiene un valor mayor a uno mismo. Y cuando ocurre eso ya no tienes miedo a nada, porque cuando es la justicia tu estandarte, la Fortuna, buena o mala, siempre está de tu parte.

Hoy siento orgullo por todos los que trabajan a mi lado, por todo lo que hemos hecho y haberlo hecho juntos. Desde sentarse a discutir por un artículo de los estatutos a repartir panfletos, tocar las puertas y acercarnos a todo el mundo.

Nuestra causa, es una causa que lleva demasiado tiempo esperando ser defendida. Que ha callado durante décadas, resignándose a tirar del carro. El reclamo de los derechos humanos, la dignidad de vivir. De vivir, no de existir, o durar o producir. No somos pilas, ni máquinas; somos seres humanos, personas con entidad propia y reclamamos nuestro derecho de ser lo que somos y disfrutar de ello.

Hoy he visto a un hombre de ochenta y dos años, sentado sobre una caja, en un rincón de una cochera pegando piezas de zapato. Al verme entrar se ha asustado pensando que era una inspectora o algo así. He podido ver el miedo en sus ojos, a la represalia…¿Qué  clase país es este donde la gente tiene que esconderse para trabajar, para no morir de hambre?¿Qué coño hace un hombre octogenario trabajando aún y a escondidas? Me he acercado a él, le he tranquilizado y hemos charlado un rato. “Soy zapatero y algo se tiene que hacer…” (i som sabater, cosa tenc que fer…), me dice levantando los hombros. Dios, es indescriptible la impotencia y la rabia que he sentido en ese momento y lo mucho que me ha costado enmascararla tras una sonrisa apaciguadora. Me he tragado las lágrimas y me he despido de él.

Gente hacinada, trabajando en rincones oscuros en cocheras cerradas a cal y canto. Sin contrato, sin paro sin más sustento que la puñetera partida de zapatos o piezas de bisutería. ¿Los empresarios? ¿Qué empresarios? La pequeña empresa, y la mediana empresa…Definitivamente el Estado es el que fomenta el fraude fiscal, la delincuencia y el mal trago de vivir al margen de la Ley. Porque cuando las leyes asfixian a los pequeños mientras todo son ventajas para las multinacionales y los monstruos capitalistas…se fomenta pobreza.

La vergüenza más grande de un país es la pobreza, especialmente cuando infinidad de parásitos políticos activos y retirados están ganando las sumas extraordinariamente ostentosas, que están ganando. Diseñan las leyes para su beneficio propio para luego ampararse en ellas, tras el sistema judicial que no tiene más culpa que verse en la obligación de aplicar la ley. Los mayores criminales se encuentran en el legislativo, los peores. Y luego, a medida que se va bajando se llega a los Ayuntamientos con sus normativas pordioseras, tuertas más no poder que lo único que fomentan es la disensión social y el malestar.

Por algún sitio hay que empezar. Nosotros empezamos en Ciutadella de Menorca, estamos hartos del caciquismo y la subyugación institucionalizada de una banda de ladrones incompetentes, que ni queriendo pueden ser mínimamente equitativos. ¿Qué sentido tiene presentarse a las elecciones si no hay cojones para levantar la voz ante cualquier injusticia; si no hay capacidad para buscar soluciones para los problemas surgidos y beneficiar a la comunidad? A la mierda con todos ellos. A la mierda. No se merecen ni el aire que respiran.

“Dignificar a la clase política”…esa es la consigna. Se hacen llamar “clase”. Claro que son una “clase”, tienen que serlo para hacer lo que hacen. Y en cuanto a dignificar, ¿qué cojones quieren más? ¿ Qué encima la gente los respete y les haga reverencias  después de sangrar a la comunidad?

La dignidad y el respeto no son títulos, sino valores que se tienen o no se tienen y no se compran ni se venden. Y que la clase política, reclame eso de la ciudadanía es ya pasarse de castaño oscuro.

Nos acogemos a la Constitución y tal es la gravedad de la situación que reclamamos la intervención real para acabar de una vez por todas con los privilegiados que viven a costa de la pobreza de la base social que no es otra que el pueblo en toda su heterogeneidad, en toda su diversidad. Esta Democracia necesita un decreto real por el que se imponga la Justicia. El pueblo entero está reclamando justicia y el derecho legítimo a vivir una vida digna pues para ello cumplen.

Son los políticos los que nutren de odio y racismo al pueblo por las desigualdades que producen en el reparto de riquezas, son ellos los que producen las crisis, la ignorancia y el malestar social. Por tanto, son ellos los que deben ser restringidos.

Hoy el país entero se manifiesta con cacerolas, pitos y pancartas. Cuando la gente esté lo suficientemente crispada serán cuchillos. Se impone el reclamo social que debe ser escuchado por la máxima autoridad. El Rey Juan Carlos I, nuestro rey, debe remediar esta situación antes de que se convierta en auténticas revueltas y violencia. Dura, muy dura fue la transición a la democracia de quien él ha sido testimonio. Ahora, nuevamente, su intervención es esencial para dar tránsito a una sociedad moderna con un autogobierno, con capacidad de elección y derechos. Tantos derechos como deberes.

La Constitución no puede ser papel mojado, no puede ser aplicada de forma arbitraria. O la tenemos o no la tenemos; nada de medias tintas.

Somos lo suficiente maduros como para saber lo que queremos. Ya no necesitamos restricciones. Este pueblo quiere paz, igualdad y prosperidad. Y carece de todo ello a pesar de estar pagando cada puto día del año, con el aliento de cada instante de sus vidas.

             

 

6 Mayo 2011

Me llamo Sole Sánchez Mohamed

Menudo dilema. Tetas sí, tetas no. Hasta la fecha no me ha parecido oportuno pronunciarme en este sentido, pero en mi localidad el pueblo está revolucionado, y del debate se ha pasado en algunos casos al enfrentamiento abierto. Ayer, tuve  conocimiento de un enfrentamiento entre un alumno y un profesor. El profesor en cuestión  recriminó a su alumno que “una persona que enseña las tetas no tiene cerebro”, el alumno le replicó “¿cómo es posible que tú veas dos tetas si las tapan nada menos que cuatro manos?” Carcajadas. Ante la respuesta el profesor le abrió un parte. De pronto, la clase entera empezó a posicionarse y todo acabó en insultos y recriminaciones personales del tipo “Tú sí que eres una guarra, que se las has chupado a éste, éste y éste”…En fin…Lo mismo en los bares. En los comedores de casa…

La gente está muy crispada. Podría posicionarme en el cinismo y decir que no lo entiendo. Pero no lo haré. Para empezar, pido por favor, que tales discusiones no sobrepasen del debate sano, especialmente a todas aquellas personas que están dando la cara por mí en este sentido. En segundo lugar, he de decir, que todas aquellas personas que se sienten ofendidas recapaciten un poco sobre sus propios discurso, porque en realidad no les ha molestado la imagen, que como ya he contado tiene su explicación, incluso ante la comisión electoral.

Lo que realmente ha ofendido a estas personas es que una idea nueva está socavando la estabilidad de sus anquilosadas mentes, y eso resulta extremadamente molesto: Cuando todo parece estar en su sitio, cuando ya lo has aceptado, cuando ya vives resignado y te has institucionalizado, sólo quieres vivir en paz, que te dejen en paz. No quieres problemas, ni cuestionarte nada. Prefieres mirar hacia abajo y seguir tirando del carro con tal de obtener una pequeña recompensa (vacaciones, un coche nuevo con un préstamo a cinco años, una casa hipotecada, el último juego de la Play 3, ir al cine, o simplemente sentarte en el sillón de tu casa y pensar “bueno, de momento, vamos tirando”). Cuando se llega a ese nivel, el hecho de que alguien  cuestione y lo haga en voz alta lo que sólo nos atrevemos a pensar, o decir, entre chiste y chiste, o través de los comentarios irónicos…se hace simplemente INASUMIBLE.

Porque aunque a la gente le gusta las películas de románticos revolucionarios, de héroes transgresores, y se sienten identificados con las denuncias sociales de OTROS PAISES, OTROS LUGARES, no pueden asumir que ellos viven en el mismo cubo de basura.

Es demasiado.

Y de ahí el rechazo, la rabia, la defensa a ultranza  de unos principios que aunque dañinos son preferibles a la idea de salir del cubo y ver que existen otras alternativas. A eso se le llama MIEDO. ¿Miedo a la libertad? ¿Miedo al cambio?

Si lo pensamos bien, estamos acostumbrados a tomar decisiones que suponen cambios en nuestras vidas, cada día. Desde la opción de una camisa, la marca de un dentífrico, el camino al trabajo, tener un niño, escoger un viaje…teñirse el pelo; comprarse un diario. La vida está tentándonos continuamente con elecciones; cambios. A la gente le gusta cambiar de ropa, cambiar la decoración de su casa, renovar el coche, o el colchón, cambiar de colegio, universidad: progresar en cualquier caso.

Sólo los colgados, literalmente “colgados”, practican una rutina compulsiva que los esclaviza y enferma. Fanatismo, fascismo, partidismo, racismo, elitismo, clasismo…En realidad, todos los ismos, son roles asumidos, autolimitaciones en cualquier caso, pues en su mayoría pertenecer a esto, o pensar esto, implica excluir e incluso odiar lo otro. Es el principio de exclusión; el precio de cada elección.

Así nos lo han vendido siempre pero es mentira. Las elecciones que hacemos en nuestra vida no siempre implican disyuntivas excluyentes, es decir, no siempre se ha de escoger esto y dejar lo otro. No somos tan cuadrados. Pero necesitamos autopautarnos bajo la excusa de que limitando nuestra libertad respetamos al vecino. Es una falacia.

Ejemplo: a uno le puede gustar el fútbol, y es del Madrid, pero ante todo es un aficionado al fútbol y sabe apreciar un buen partido, aceptar que el Barça ha jugado un buen partido. Sin embargo, el mono que todos llevamos dentro, es más apetecible porque da rienda suelta a nuestra vida permanentemente frustrada, y con la excusa de PERTENECER a un club el insulto, el odio, el mal, las palizas y las putadas, la alegría y regocijo de ver caído al ficticio adversario están plenamente justificados.

Sólo los que superan la fase de ser algo más, lo que socialmente se denomina posmodernos, son capaces de salir del cubo y contemplar una panorámica, hacer preguntas y exigir respuestas. Y ya no tienen miedo, aunque estén solos.

Pero hay razones para tener miedo. La masa social de ese cubo se volverá intolerante, agresiva y odiosa porque no permitirán que nadie salga del sistema, ni que tengan el atrevimiento; porque quieren que asuman, como lo hacen ellos, que esto es lo que hay. Ése es el auténtico conservadurismo que arrastrará hasta el fondo al que se atreva a escalar las paredes para asomarse al otro lado.

Ante esta situación, pido calma y paciencia.” El mensaje es el mensaje, o lo entiendes o no lo entiendes…y punto”. Me decía una vecina, tras comentarme que no me preocupara por la cesura social que se está creando en la localidad.

No me basta.

Calma y paciencia a todos, por favor.

Podemos ser mejores, y de hecho lo somos, sólo que no nos atrevemos a serlo. Es una decisión, como otra cualquiera,  igual de transcendental o de trivial, según se mire. Estoy totalmente convencida que nuestra causa es buena y que puede ser aún mejor. Un nuevo replanteamiento sobre las grandes contradicciones de nuestra vida, cuyo fruto no es otro que la infelicidad y descontento.

En un mundo como éste, pensar es peligroso, un lujo tener libre albedrío y una temeridad hacerlo público, por no decir, que es una auténtico suicidio tirar del mantel para destrozar la vajilla, cacharrería heredada, para descubrir que en vez de una mesa, comemos sobre una endeble caja de cartón.

Siento haber roto unas cuantas vajillas. De verdad. Pero no soporto la hipocresía y el convencionalismo opresor de una sociedad de falsas apariencias.

Todos somos personas, humanos de la misma condición, y he ahí el principio de la verdadera dignidad. El respeto auténtico por uno mismo y por los demás. Porque en la desnudez, ¿acaso se distingue un peón de un juez? ¿Un rico de un pobre? Podrá cambiar la tonalidad de la piel, las proporciones, pero todos somos iguales. Todos tenemos las mismas inquietudes, los mismos fallos, lloramos y reímos, comemos y dormimos, nuestros infiernos, aunque cada uno tiene el suyo propio, son igual de insufribles; pues son infiernos y los infiernos, infiernos son.

Y eso es lo que está pasando en este pueblo, en todos los pueblos y ciudades de este país. Desde el más grande al más pequeño están sufriendo un infierno, sin más pecado concebido que el de no ejercer de forma responsable y con  conocimiento de causa su poder de elección: su libertad de ser quienes son. Exigir ser representados y defendidos.

Está claro que yo sola, no puedo. No soy nada, no soy nadie…pero, el clamor de un pueblo es ensordecedor, y no hay canalla que pueda silenciarlo, ni mentira que pueda taparlo.  Nada hay que temer cuando Ovejuna quiso querer.

1 Mayo 2011

Me llamo Sole Sánchez Mohamed

La recuerdo, especialmente hoy…El día de la madre. La echo de menos. Mucho. Aunque fuese sólo para discutir. La echo de menos. Vuelvo a mi niñez. Sentadas en el parque la miraba, me sentía tan amada. Sus cálidas manos sobre mi cara fría. Fuerte y tenaz y, sin embargo, emanaba una ternura, un amor. Siempre hablándome, advirtiéndome de los males, infundiéndome desconfianza en un mundo siempre hostil y agotado de maldad, a la espera de la caída de las almas frágiles, al acecho de la debilidad. La sociedad como una inmensa masa amorfa voraz y deleznable de la que debía mantenerme al margen.

A menudo acallaba mi tos, que amenazaba con arrancarme el pecho contándome cuentos, cuentos de su cultura original. Cuentos donde el mal tiene formas bellas y apetecibles. A menudo me decía que si algún día cultivaba alguna virtud no debía mostrarla, jamás exponerme, pues la envidia es una de las peores rabias, la más irracional; una especie de admiración patológica y destructiva. Yo le sonreía, la abrazaba y la besaba mientras le decía “te quiero mucho, mamá, no te preocupes”. Una niña enferma, frágil. Sin nada que ofrecer, sin nada que esperar, sin nada merecido. Qué podía temer.

Y aunque ella se empeñaba en que la discreción  era el mejor vestido en un mundo de gente mala, yo, yo sentía tanta curiosidad. Cuanto más insistía ella, más intrigada me sentía yo. Conocer el ser humano en su condición, saber por qué; por qué. Solía ponerse tan nerviosa hasta el punto de gritarme cuando me acercaba a desconocidos y me ponía hablar con ellos, a preguntarles. Los adultos siempre sorprendidos, me miraban y me decían que tenía unos ojos muy grandes y muy negros. Y me contaban cosas, sus cosas. Escuchaba atentamente, aunque no siempre entendía muy bien. Me llamaba la atención como la gente parecía sumergirse en su interior, perder la mirada en la lejanía de sus pensamientos y entonces hablaban y hablaban, para verse después sorprendidos contando su vida a una niña cetrina que con los ojos muy abiertos parecía haber visitado su corazón. La reacción era unas veces de enfado, otras de risa, mientras ladeaban la cabeza “Ay, qué niña ésta”.

La verdad es que las madres, para bien o para mal, nunca se equivocan.

La echo de menos. Bajo los ojos y vuelvo a mi presente. Pero no me desdigo de lo que entonces pensaba a pesar de que ella siempre tuvo razón, yo siempre he tenido esperanza. Y si por cada mil uno me ha respondido, diré siempre que ha valido la pena cruzar un mundo por una mano amiga. No pierdo la confianza.

Nada tienen que envidiar mis vecinos y vecinas Ciutadella. Pues tan sólo una cosa, una sola, en mí hay algo destacable y es mi osadía, que en muchos casos es temeridad. Por lo demás, cualquier persona es cien mil veces mejor que yo, en todos los aspectos, y por eso lucho, lucho cada día, por cada uno de ellos, les admiro, pues soy capaz de ver todo lo bueno que hay en ellos. Y  aunque me odien, aunque me detesten, soy paciente y tenaz.

27 Abril 2011

Me llamo Sole Sánchez Mohamed

Hoy he estado en los juzgados. Acompañaba a una persona que había presentado una denuncia por presunta agresión. El guardia de vigilancia, cordial. Paso por la máquina de seguridad y un pasillo donde el sol caía a plomo. Testigos, denunciantes y denunciados y los correspondientes abogados que entre charlas y risas, parecían mantenerse ajenos al drama humano que atañe a sus oficios. Algunas personas se han acercado a saludarme y a prestarme apoyo. Otras, conocidas del pueblo, me explicaban sus casos particulares, de estafas entre familiares, separaciones, procesos, en cualquier caso, aparentemente interminables.

Mientras escuchabas a unos y otros, no dejaba de pensar el daño que somos capaces de hacernos por dinero, por herencia, por falta de amor…Pero parecía que a nadie le importaba sus vidas. Allí todos juntos a la espera de Justicia…

La gente va circulando, y de repente el juicio al que debo asistir da comienzo. Una sala vacía, la jueza, la secretaria y un abogado. Las partes denunciante y denunciada, allí encogidas, estremecidas ante la vergüenza de su pleito, la consternación, la impotencia. Escucho atentamente ambas ponencias. Una palabra contra la otra. Pero en cualquier caso, aun habiendo pruebas ¿cómo discernir la verdad? Intentaba ponerme en el lugar de la jueza y, ciertamente, existe un manual, una Ley, pero ¿cómo llegar a una solución salomónica? La presencia de la jueza, firme, rotunda y tajante. Como debe ser, digna de respeto, en cualquier caso. Y, no dejaba de pensar, en el gran peso que supone su tarea.

Sin embargo, el abogado, medio retumbado, con talante ocioso contemplaba aquel drama como algo natural. No digo que todos los abogados sean así, pero algunos me recuerdan bastante a la tarea de los sofistas en la antigua Grecia.

El otro día me preguntaron si el sistema judicial es partidista. Mantengo mi respuesta: no debería serlo. Y no se debe generalizar. Yo tengo fe en las personas y sé que aunque no esté de moda la honradez, todos albergamos ese sentido en nuestro ser. No tiene por qué resultar quijotesco buscar o impartir justicia, y debemos apoyar el sistema judicial, porque con nuestro apoyo y respeto como institución es como las personas que ejercen los oficios pertinentes pueden aspirar a algo más que a un sueldo a final de mes y sentirse como heraldos de la Ley, para liberar a los hombres e impartir Justicia.

En cualquier caso, el sistema judicial carece de los suficientes recursos, siendo fundamental. Nunca se habla de la revisión legal, de las ubicaciones, de los recursos humanos destinados. “No genera ingresos”, me dijo un secretario judicial. Cierto. Pero son imprescindibles para bienestar ciudadano. Imprescindibles. Y los procesos no deberían durar tanto.

26 Abril 2011

Me llamo Sole Sánchez Mohamed

El otro día alguien me preguntó si era buena persona, le contesté tácitamente que “no”. Si fuera persona en el buen sentido de la palabra hubiera alcanzado un estadio metafísico de perfección que en absoluto creo tener. Soy extremadamente autocrítica y aplico la misma vara sea a quien sea. En estos días se ha abierto una brecha en las amilanadas mentes de la sociedad, un discurso, un debate que surge de las mismas entrañas. Y eso me alegra. Me alegra que la gente exprese su opinión, que discuta, pues en el conflicto verbal descubrimos quienes somos de verdad, crecemos y nos enriquecemos.

El ejercicio de pensar es un lujo en los días que corren. La gente no quiere pensar, no quiere cuestionarse el sistema en el que vive, no quiere conocer los porqués, solo quiere pagar y que les dejen en paz. Pero el precio por ese silencio empieza a ser abusivo. El silencio de la razón, el silencio de la verdad, de la mejora, empieza a reclamar la palabra en la conciencia de la gente.

Todo puede ser mejor y más fácil. ¿Por qué permitimos que nos extorsionen así? Sí, el miedo es nuestro permanente compañero y es fiel, pero no es él el que hace vivamos como gusanos el ciclo de nuestras vidas, sino nuestro flematismo, nuestra indiferencia por todo, incluso por nosotros mismos. Nos rodeamos de lujo para compensar la pobreza de nuestras almas. Y sólo cuando nos acercamos a la muerte, sólo entonces, descubrimos lo muy equivocados que estábamos.

Cada día cuando me levanto, contemplo el día como un día nuevo, transcendente, vital y único, aunque sea agrio, aunque sea dulce. E intento contemplar el mundo con ojos nuevos pues no quiero institucionalizarme en las costumbres en el “¡Ah! Yo ya lo tengo todo visto!” Gozo y sufro cada instante. ¿Una romántica? Quizás. Pero si no puedo sentir, cómo podría entender lo que sienten los demás, lo que necesitan, lo que quieren, aunque no lo pidan, aunque no lo quieran, aunque no lo sepan siquiera. No soy un ser especial, ni mucho menos.

Las madres operan del mismo modo, miran a sus pequeños y saben exactamente lo que necesitan, lo que están pidiendo. Conocen los gustos de toda la familia, cuidan de todos, sufren y se alegran por todos y son auténticas salva custodias de sus casas, de su administración. Y en esta paradoja que es el avance de la feminidad una nueva responsabilidad es añadida: la de trabajar fuera de casa. Me postro ante todas las madres, porque ellas sí son dignas de respeto. Aún recuerdo como una mujer, de humilde condición, me contaba que sólo podía tener una excedencia de tres meses, que tenía que volver a su puesto de trabajo y que ella quería seguir dándole el pecho, “yo quiero estar con mi pequeño, pero…hay que trabajar” me decía levantando los hombros, mientras se iba tragando las lágrimas como si fueran piedras. Dios, que pena más honda emanaba de esa mujer.

Y también los padres. Sin embargo, ellos viven atados a sus roles de insensibles y de inclementes. Los hombres no lloran. Los hombres no sienten. Los hombres no son nenazas…en fin, viven prisioneros en su patrón de macho ibérico y castran una gran e importante parte de su persona que es precisamente la que les hace ser humanos, y que los perjuicios omnipresentes tachan de debilidad. El posmoderno ha de vivir plenamente su persona, y el que exprese todos sus sentimientos lo hace ser más hombre y menos animal. El machismo sólo es una expresión de esa frustración.

Reglas, y más reglas…leyes invisibles para establecer un orden opresivo. Pues la verdad yo nunca he dejado de tener seis años, en este sentido, y siempre me he cuestionado el porqué de todo y su necesidad, y si no hay naturalidad en la causa, no hay necesidad ni beneficio, y si encima causa sufrimiento, esa regla es cuestionable.

Así de sencillo.

Las reglas y las leyes no son buenas si no proporcionan el bien. Todos buscamos doctrinas, caminos que seguir para mejorar, pero para ello debemos indagar en nosotros mismos para averiguar cuan defectuosos somos, cuántas cosas podemos mejorar. Éste es sólo el primer paso, requiere tiempo y decisión, es el más duro, pues reconocerse en un espejo no es siempre fácil. Lo mismo ocurre a nivel social, lo mismo ocurre con Ciutadella como ciudad, lo mismo ocurre con Menorca como Comunidad.

Recibir halagos es alentador pero recibir críticas, auténticas críticas, no el clásico insulto, el posicionamiento ciego del fanatismo ofuscado, sino críticas de verdad es enriquecedor, pues se prestan a la reflexión. Aunque, para mí, lo más importante es haber trasmitido mi sentido crítico, me gusta que la gente opine, discuta, debata y verbalice cuanto piensa, sólo así se percata de quién es realmente. Mucha gente ha podido descubrirse a sí misma diciendo cosas que, quizás ni siquiera sabía que pensaba; otras se congratulan por reafirmarse en sus pensamientos y todo ello me complace, pues no hay ejercicio más sano que el de pensar.

23 Abril 2011

Me llamo Sole Sánchez Mohamed

             Grito a la libertad


17 Abril 2011

Me llamo Sole Sánchez Mohamed

Estos días han sido especialmente cargantes. La presión mediática. La polémica del cartel…En fin. Creo que me toca contarlo a mí.

Siempre he tenido claro que el problema de nuestro pueblo son las rencillas familiares, y sobre todo las más que estúpidas disputas ideológicas, que sobre papel o en el bar resultan muy estimulantes, pero que llevadas a la calle ha quedado demostrado que en nuestro país ha sido la ruina, una ruina total. Especialmente  durante en esta etapa de democracia esperpéntica que estamos viviendo.

La crisis, ha medio despertado el aborregamiento de la población, pero lo que no parece haber despertado es la conciencia de la gente, la verdadera conciencia de este país. Seguimos anclados en las dobles moralidades y en las grandes contradicciones. Aún recuerdo como justo delante de la catedral de Ciutadella, en el portal de estilo neoclásico había un prostíbulo que se llamaba 1800.  Y mucha gente era cliente de las dos capillas. Suerte tenían que los protegía el secreto de confesión. En cualquier caso, la moralidad española es una señora muy bien vestida por delante, que va enseñando el culo por detrás. Algo que siempre me ha fastidiado mucho. Como muchas fiestas que han pasado de ser encuentros familiares a ser Sodoma y Gomorra en toda su extensión. Incluso las Navidades y las bodas son  cada vez menos respetadas y se da rienda suelta al libertinaje. ¿Algo que decir? Por mi parte, nada. Pero no dudo en saltar cuando alguien empieza a quejarse de algo que está ya tan consensuado.

Como una señora de la localidad que decía que su marido se iba todos los jueves a pescar…”moluscos sin conchas”…pensaba yo.

Otro aspecto que antes no era más que una opinión, ahora se ha convertido en una triste convicción. Me pregunto si en España existe algún tipo de prensa que no sea la sensacionalista. Y aunque su mérito tiene, pues a falta de gente famosa, montan todo un circo mediático ¡por mí! ¿Quién soy yo? ¿Qué importancia tiene que una persona anónima salte a la fama aunque sea sólo por un día o dos o tres por algo que es ya tan habitual como ir a mear? Definitivamente, los medios son los creadores de nuestros pensamientos, de nuestras distracciones y los responsables, primeros y últimos, de que nuestro país sea así de mediocre. Y no por sus periodistas, sino porque esos periodistas no son más que parte de paquetes de acciones que se compran y venden y que poseen grandes empresas. Empresas que mientras negocian con los gobiernos sus chanchullos, distraen a la plebe con fútbol, culebrones, y ahora mis pechos…Pero para sorpresa suya, no se han encontrado con dos tetas y nada más. Me han encontrado a mí.

Aunque la historia es bastante curiosa. En principio, un cartel electoral. Primer fallo. No es un cartel electoral. Nuestro partido, el Partido Democrático, lleva a cabo todas sus actuaciones sobre sus estatutos que se basan en dos líneas generales muy precisas: la defensa de la Constitución, y la defensa de los derechos humanos. En base a ello empezamos a trabar en nuestra zona. Las necesidades más apremiantes: puestos de trabajo, atención médica, educación, formación profesional, y espacios lúdicos. Menorca, en general, está estancada, privada de todo ello. Proyectos concretos, sobre eso trabajamos. A través de estudios de población, y observaciones de carácter sociológico y antropológico basamos nuestros proyectos para cubrir las necesidades. Las claves: bueno, bonito y barato. En nuestra localidad de Ciutadella, disponemos de unos 4500 metros cuadrados cuyo potencial económico, cultural, lúdico y cultural es enorme. Rescatamos proyectos antiguos y actuales. Una zona destinada a parques con árboles y zonas de reposo, otra infantil, con mobiliario adecuado, y hacer de toda la zona portuaria una zona de paseo,  cuyos locales tengan un horario de 24 horas. Habilitar una zona donde hay un pueblo talayótico, un teatro grecorromano y un espacio que se mantendría en perfectas condiciones para las fiestas de la localidad. Un proyecto que da vida a los lugareños y a los potenciales turistas que pueden ser de amplio espectro: desde colegios, familias, gente joven…con 24 horas de apertura, tendríamos un espacio totalmente polifacético. Factible en una sola legislatura.

Llegados a este punto, el tema de la comunicación, ¿cómo comunicarlo? Para ello tuvimos que hacer dos formatos: uno tipo gaceta, serio, formal y protocolario. Y nos propusimos utilizar la misma información en un formato de DIN-A 5 cuya carátula fuera atractiva. ¿Para quién? A las tres de la mañana con una cogorza como un piano, la euforia del fin de semana, y la distensión de la noche, como carátula “dos grandes argumentos” resultaba gracioso, llamativo. La gente lo cogería y al día siguiente, tras la resaca en la tranquilidad de sus hogares la gente se leería el proyecto, conocería las ideas. Porque, precisamente, el escepticismo y el desencanto se encuentran precisamente en este sector de la población, llegar a ellos era difícil. Se planteó como proyecto, el equipo lo estudió.

Y se filtró en Internet. Las diferentes alineaciones políticas se dedicaron de forma solapada a criticar la imagen. Y yo que soy muy firme en mis convicciones y que no dudo en denunciar las incoherencias de la misma sociedad que defiendo, mandé hacer la carátula con la dimensiones de un cartel no como reclamo del partido, estrictamente con mi imagen y mi nombre, y la leyenda “Dos grandes argumentos”. Y lo dejé allí, a la vista de todo para demostrar varios aspectos importantes:

  1. Mi derecho a expresarme con libertad
  2. La doble moral de nuestra localidad
  3. Que el resto de partidos carecía siquiera de personalidad como para expresar sus opiniones de forma abierta, expresando su censura, a lo pueblerino, por detrás, y con indirectas.

Presentación de Izquierda Unida, la izquierda de España, la izquierda de siempre, la reivindicativa, la luchadora, la redentora y justiciera, la izquierda de Cayo Lara, a quien tanto respeto. Pues bien, basan su presentación, en una crítica a ultranza puritanista anunciando una denuncia contra nuestra alineación en el Instituto de la Mujer en las Baleares. Menuda presentación de la izquierda. Ni los talibanes hubieran sido tan inquisitoriales ni censuradores de las libertades. Totalmente decepcionante. Mientras, se llevaba a cabo la presentación uno de los periodistas más avispados que conozco me llama y me cuenta lo sucedido proponiéndome que si llamaba a la Gaceta, de signo derechista, se los comería vivos.

Yo pensaba, un diario de derechas, denunciando a Izquierda Unida por una acción, que dentro de la lógica, debería ser una acción que ellos mismos deberían denunciar. Nada, que en España, los diarios de derecha son más liberales. La gaceta denuncia a Izquierda Unida, por una candidata que supuestamente se presenta desnuda…ver para creer.

Y a partir de aquí, la noticia da la vuelta al mundo.

Aún no me lo creo.

Sabía que nadie es quien dice es, pero no hasta este punto, sabía que los medios sacan de donde sea, pero no hasta este punto, sabía que esto podía tener una repercusión mediática pero no hasta el punto de recibir una oferta de revistas varias como interviú, y la salida en diversos programas por una cuestión tan banal. Cuando los medios, conocieron la verdad, la sorpresa fue mayor cuando les contamos lo sucedido, su talante cambió. Luego, en televisión salió, lo que a las productoras les dio la gana, por supuesto. Menuda objetividad.

Y, ahora, las mujeres de todos los partidos del pueblo despotrican como catetas de pueblo como si fuera un crimen tener glándulas mamarias, y hacer de ellas una imagen estética, y un cartel de denuncia. Gracias señoras, porque su actitud me están dando toda la razón. No son independientes, ni liberales, ni tienen pensamiento propio. Ahora creen estar haciendo algo y sólo se están poniendo en evidencia. Están en listas, trabajan en política, y efectivamente son mujeres, son las administradoras de sus casas y no se dan cuenta del paro, de sus neveras medio vacías,  de los milagros que hacen para llegar a final de mes, del enorme esfuerzo que están haciendo para criar a sus hijos y que hay demasiado que hacer para mejorar nuestra pequeña ciudad. Es hora de demostrar su valía, mostrando proyecto, soluciones y mejoras no sean tan idiotas perdiendo el tiempo conmigo y hagan de sus cargos, cargos dignos de votar. Dejen de comportarse como las clásicas criticonas de pueblo que menudo ridículo están haciendo y que flaco favor hacen a su pueblo.

Con todo, mis felicitaciones por adelantado, gane quien gane estas elecciones, pero que no lo olvide, allí estaré yo, dentro o fuera, apoyando su bien hacer o siendo implacable a la menor salida de canto. Pues estoy muy harta de negligentes, vagos, colgados, megalómanos y  ladrones.

Nuestro enemigo no está en las urnas sino en el sobre que llevamos en la mano cuando vamos a votar. Una nueva “cagada habitual” de votar por inercia y sin sentido crítico y este pueblo se hundirá definitivamente. Hay que estar atentos.

Justicia, orden e igualdad. Todos juntos, sin diferencias sociales, ni económicas, ni sexuales, ni étnicas; aunque sea sólo por una puñetera vez, estemos de acuerdo en algo y que todos queremos comer, mantener a nuestras familias, tener asistencia médica de verdad, guarderías, colegios, institutos, centros profesionales, universidades. Yo quiero eso para Ciutadella y para Menorca y al carajo con todos los mamones de la oligarquía política, al  carajo con todos los tecnócratas que no nos dejan vivir y que hacen justificables todos los impuestos, y tasas y aumentos…cómplices absolutos de las injusticias institucionalizadas de políticos maleantes.

13 Abril 2011

Mi nombre es Sole Sánchez Mohamed.

Unas semanas después la trasladaron a la UCI. Coma inducido, y la única explicación fue “Es que a nosotros ya nos la han traído así” Mi hermana Fátima, más joven que yo y mi madre se querían  muchísimo, pero además eran amigas, se entendían y tenían un vínculo muy fuerte. Yo, sin embargo, me sentía externa, mis recuerdos se remontaban a los ocho años, hasta el accidente y poco después, después la perdí para siempre.

Aquel lugar parecía la Morgue, más que cuidados intensivos. Era el pasillo de la muerte. Literalmente. Un pasillo, cinco o seis camas, mugre, hacinamiento, falta de asistencia, falta de personal, de útiles médicos…Realmente patético. Mi madre tenía los labios cortados. Ni siquiera les pasaban un algodón húmedo por la boca. Sabías que estaban vivos porque sonaba una máquina. Ausencia total de respeto. Charlas triviales por parte del personal…No sé…Al rey le pasa cualquier cosa y nueve cirujanos, o cualquier le pasa cualquier cosa y ves esto…”humanos son los pájaros también”. Y es entonces cuando te cuestionas muchas cosas. Si tienes dinero, vives; si no, mueres. Así de simple. ¿Dónde la igualdad? En Menorca, cada vez que a alguien le ocurre algo, prescinde totalmente de la seguridad social y se mete en la privada. MAL HECHO. Hay que luchar por tener un servicio mejor e igualitario para todos. Porque con esta actitud estamos fomentando que la seguridad social desaparezca, que las pensiones desaparezcan. Y al estado le interesa. Menos cargas y más dinero para repartirse.

Aguantó casi dos meses. Me comunicaron su muerte por teléfono. Seguí trabajando. Pensaba que así, que si seguía simulando normalidad conseguiría que todo “lo malo” acabaría despareciendo. Mi padre ese día estaba siendo operado de cataratas. Se lo comuniqué al doctor, le dije que no se lo hiciera saber ante la posibilidad de quedar ciego. Ni caso.

Mi hermana y yo fuimos a Mahón. Yo estaba atónita. Mi hermana, no puedo describir su estado, entre cólera, incomprensión, incredulidad…”Ahora la tenemos en la nevera” nos dijo alguien. Podéis esperar unos días.

Volví al día siguiente con la persona que me más respeto me ha infundido y aprecio y el mayor desengaño me he llevado: la madre de mi ex –pareja. Y fuimos a ver al señor de la funeraria. Un señor bajito, mayor, con cara de usurero, rancio que olía a armario cerrado.

Le dije que quería un ataúd sencillo, el más sencillo y en cuanto a la lápida la quería de mármol y que ya le trasmitiría el texto. El jumento, tras examinar el DNI de mi madre cayó en la cuenta de que aparecía “Mohamed”. Y Sin prestar, la menor atención a mi persona y a mis palabras le preguntó a mi supuesta suegra “Que li hem de fotre una creu o una altre cosa?” Mientras hacía gestos de estar estacando a alguien. Yo ya se lo había dicho en un menorquín depurado, pero al ver que no me entendía le dije a mi “traductora” “Diga-li en es puta imbécil aquest que sa mamà era més católica que Sant Pere i que li posi una làpida amb una creu” Desgraciadamente, la gente sólo te presta atención y se muestra educada cuando le das con un martillo. “Bueno, no pases pena que la tenemos en la nevera bien fresquita, jeje, podéis escoger tranquilas el ataúd”….

En Fin…Luego, salió en uno de los diarios locales, diciendo que se había jubilado y que lo mejor de toda su trayectoria profesional fue la humanidad que había trasmitido y compartido con las familias de los difuntos. Francamente, en mi recto y saliendo por mi ano aparece en una mañana más humanidad que en toda la puñetera vida de este señor.

El entierro. Siempre he pensado debería ser algo más glamuroso. Pues no. Una mesa hecha de aglomerado con cuatro ruedas que iban “d´aquella” manera, sin faldones y sin nada. El ataúd encima. Mis dos hermanas, mi pareja, mi suegra y su primo. Los dos enterradores, que parecían mineros, que ya se podrían vestir un poco mejor. Pero total, un hoyo es un hoyo, que más da…

El capellán se equivocó tres veces de nombre. De hecho, no fue capaz de decir su nombre en ningún momento. Mi hermana mediana, que siempre piensa en voz alta, dijo “Como vuelva a equivocarse le voy soltar una…” Y mira que el nombre es fácil Purificación Susana. Nada, que el capellán, o iba borracho, dormido o distraído o las tres cosas. Pero ante la situación cortó por la sano y dijo “Bueno un padre nuestro (Y va que chuta que aún voy a recibir con la familia de colgados estos)” Sumando todos los acontecimientos estábamos más cabreados e indignados que tristes…hasta en el puñetero entierro de tu madre te tienen que fastidiar…

Se lo conté a una amiga y me dijo “Eso no es nada, Sole. Cuando se murió la abuela le compramos el mejor ataúd que había de roble, con doble tapa, el interior de de metraquilato, reposacabezas, y no sé yo si llevaría hasta airbag y televisión por cable…: 6000 euros costó la caja de la vieja. Vamos al entierro. Todos llorando. De alegría, porque llevaban como seis meses pelándose por la herencia; y para asegurarse que la metía en el agujero y la vieja no salía más a dar por culo, se quedaron mirando como la bajaban. La mierda de ataúd era tan ostentoso que no cabía en el nicho y se quedó encasquillado y ahora viene lo bueno: va uno de los enterradores y coge un zacho (un càvec) se tira dentro del nicho y suelta “No passa res! Tot ho aclarirem” y empieza darle ostias al ataúd, pim-pam, pim-pam. Se carga la tapa, bueno, un trozo, la lanza hacia fuera, pim-pam, pim-pam…”Ho aclarirem” Todos estábamos estupefactos. De pronto, la caja hizo movimiento y se quedó medio de lado, la abuela hizo movimiento y se quedó encasquillada y el tío empezó a saltar por un lateral inferior hasta dejarlo todo más o menos horizontal. Lo tuvieron que sacar. El tío se sentía que habían salvado el mundo. Satisfecho. Intrépido.”Yo pensaba en la señora, pasando la eternidad, durmiendo de lado, con la tortículis que le cogería, y en el susto que le daría a la persona que le diera por abrir aquel nicho sin tapa opaca con un muerto que hubiera cambiado de postura como si se trata de su cama.

11 Abril 2011

Mi nombre es Sole Sánchez Mohamed.

La vida son momentos. Nada más. Como pequeñas conchas de mar que recoges en esa playa solitaria de los tiempos. Unas son bonitas, otras extrañas, y otras incluso te llegan a cortar. Recuerdo aquel día. Mi madre había superado un cáncer de útero, más fuerte que un roble, con un agujero en el vientre que le cabía un puño, con las arterias femorales rotas y apañadas con dos tubos y allí estaba en Mahón, en Virgen del Toro. Postrada. Tenía muchas ganas de verla aunque sabía que la visita no duraría más de cinco minutos sin que sus incisivas palabras empezaran a rasgarme en lo más profundo.

Le llevé una televisión. Al parecer, lo que tenía que ser una simple cura, se había convertido en una neumonía unida a una infección, porque, sin querer, teniendo los intestinos prácticamente a la vista se los habían rasgado…

Cuando entré había una señora de mediana edad con el mismo aspecto que el cubo y la fregona que manipulaba: realmente sucio. El agua parecía haber sido recogida de una cloaca y ella seguía fregando. Tuve que contenerme y le pedí que saliera.

Tuvimos una breve conversación siempre basada en reproches. Mi madre siempre había sido extremadamente crítica conmigo y trató con desdén mi presente. “¿Para qué quiero yo una tele?” Mi orgullo sustituyó mis lágrimas por cólera y salí de allí de un portazo.

Fue la última vez que la vi con vida.

9 Abril 2011

Mi nombre es Sole Sánchez Mohamed.

Cuando contaba con unos diecinueve años, me levanté una mañana y me dije ¿por qué no comprar una casa? Los precios eran casi iguales. Quería una casa en el casco antiguo, próximo a todo, que se pudiera restaurar, pues me encanta trabajar con las manos, crear es genial. Otra opción era comprar una nave industrial y tener mi vivienda arriba y abajo mi centro de estudios, pero caía un poco lejos.

Esta casa tuvo algo especial. Estaba en completo silencio. En el resto de casa siempre oía cosas, conversaciones inconexas, cambios de temperatura muy bruscos…daban miedo.

La cuestión es que durante mi búsqueda conocí a muchos agentes inmobiliarios, unos más serios que otros. Me indicaron uno que estaba por aquel entonces en una oficina mugrienta. Bajito, sin cuello, calvo y sin embargo melenudo. Parecía la versión en blanco y negro de Beetlejuice. Además era panzudo, muy panzudo parecía estar gestando cinco embarazos en su fase final.

Me abrió la puerta y asomó su sonrisa, haciendo un extraño juego con la lengua que se deslizaba incoherentemente entre los dientes…apestaba a mantequilla rancia. Pasé por el estrecho paso, me hizo sentar en un claustrofóbico despacho y él, a su vez, se incrustó en su angosto espacio. Me observaba como si fuera una especie de manjar. Yo hacía caso omiso. Le pedí lo que quería y lo que podía gastar.

Empieza el trayecto, recuerdo por la calle San Miquel donde me enseñó un par de casas de las amantes de personas relevantes de la ciudad, empresarios y demás. Me llamó mucho una que tenía una habitación con bóveda de cañón, bajo la cual había un lecho de dos por dos. Pero lo más llamativo era que en su alrededor había un asiento que circundaba la estancia con pequeñas mesas de servicio…Depravado…Pero a mí me resultaba instructivo, que algo así pudiera existir en medio de la tan puritana Ciutadella.

Me enseñó otras casas similares con sus peculiaridades por las cintas que colgaban de las pérgolas de las camas y los primorosos lugares donde guardaban sus vinos, las grandes mesas y sus fastuosas salas.

La casa que me enamoró fue una cuya habitación era pequeña donde sólo cabía un lecho, una cama con una gran pérgola en la que había un espejo. Había un pequeño ventanuco que daba a un patio con un carro y te transportaba al tiempo lozano de donde degustar la vid colgante, tras hacer el amor debía ser pura ambrosia.

Después de contarme el modo tan eficaz de esta chicas de subir de estatus, de llegar a cotas tan altas, gracias a “encontrar las compañías adecuadas”, fundamentadas todas en el “déjate hacer”…Todas esas casas, a pesar de haberlas palpado, sentido e incluso anhelado, se me mostraban como escenarios esperpénticos, tras los cuales la pestilencia de la soledad debía ser insoportable.

Sabía bien que se me sale del presupuesto y me contesto que podríamos llegar a un arreglillo, estas cosas se hacen continuamente y estaba seguro que una chica joven como yo  lo entendería, pues seguro que no debía ser la primera vez que se lo proponían.

Le dije que se ciñera a mi petición y que dejara de hacer el ridículo.

Molesto, empezó a andar con la extraña combinación de un militar en un desfile y un pingüino en celo. La gente que lo conocía le sonreía con cierta complicidad y yo empezaba a aburrirme.

Entramos en otra casa, opuesto a todo lo  anterior, pedían la mitad de mi presupuesto: sucia, roída por el tiempo, las paredes a penas se sostenían. Y entonces ocurrió: Al estilo Alfredo Landa, intentó rodearme entre sus brazos. Menuda estampa: Un tío  salido, con un embarazo múltiple, y con sus cortos brazos intentado agarrarme contra aquella cosa…Que me toquen no se me da muy bien. Le empujé.

Le empujé y cayo rodando por las escaleras.

Los tres pisos de la angosta casa. Ah!, pum, uy!, ah!….la proyección de la caída, la gravedad y supongo su forma “oblonga” posibilitaron que se la pegara fuerte. Me mantuve en silencio unos segundos para ver si estaba vivo o no. No se oía nada.

Agudicé el oído. Nada. Hasta que se oyó

”Aiiiii!” “M´has fet maaaallll, punyetera”, diciendo entre quejidos. Entonces bajé a toda prisa a asistirlo. Lo levanté. Llevaba un tajo en la calva, múltiples golpes en brazos y supongo también en costillas y ya no me miraba de la misma forma.

“creume…ara sé perquè has vingut tota sola!” Ni caso, le pedí que continuáramos las visitas. Él medio destartalado, tan salido como miserable, siguió. Pasó otro conocido suyo

“Idò, què t´ha passat company?”

”una persiana mal posada…saps que es de mal”

”Sí, una persiana de ses que que peguen fort eh Quel”, le dijo mirándome…

Yo me pregunto, cómo le explicas a tu mujer que habiéndote dado con una persiana, te presentes como si te hubieran pisoteado todos los toros de los San Fermines. En fin, supe después, que su mujer, era una santa, sin duda, porque ya estaba al corriente de sus fechorías.

Hoy le he llamado por el tema de la campaña, las donaciones y demás. Y aún me recuerda. Me ha dicho es que es del PP a matar.

“Van fer molt flac s´altre vegada a veure que passa aquesta vegada”

“No escarmentes Miguel, no escarmentes”

”jo soc de dretes”

Qué más quisiera ser él de derechas con su moral draconiana, su respeto férreo a la familia, el encumbramiento casi divinizado de la mujer, el rechazo a la sodomía, a la promiscuidad…de derechas.

¡JA! a lo máximo que llega este señor es a comer con la derecha, tocársela con la derecha, a mear con la derecha y a saludar con la derecha. Por lo demás, otro de los tantos, señores. Bien casados, bien aposentados, con hijos y nietos, con sus queridas, bien aposentadas, con hijos y nietos, también; los caprichos eventuales, de vez en cuando las visitas en busca de algo exótico en los centros de alterne, alcohol, viagra y doble moralidad.

Las malas lenguas se empeñan en llamarles “puteros”, pero yo creo que es más acertado llamarles infelices, pues sólo encuentran placer tras la prohibición. Incapaces de amar, viven entre los velos de las mentiras y lo más triste es que sus chanzas son por todos conocidas.

Y al señor Miguel no le gustan maduras, las prefiere pubiscentes, casi niñas. ¿Se irá también a Corea o Tailandia a practicar el buceo como si viene haciendo estos últimos años? Paraíso de pederastas, de gente formal, también, claro.

2 Abril 2011

Mi nombre es Sole Sánchez Mohamed.

Algunas veces ocurren cosas que te plantean cuestiones existenciales muy serias acerca de la cordura humana.

Una mañana, tras visitar a mi médico de cabecera que siempre me aconseja que en vez de tomar la pastilla, procure arreglar el problema, porque eso es lo que realmente concilia el sueño. Me recomendó que me acercara al centro de ayuda a la mujer.

Salí del Canal Salat, una preciosa mañana llena de expectativas, un largo paseo hasta la antigua clínica y nada más entrar la invasión de tantos recuerdos…que chocaban frontalmente con una realidad extraña y desagradable: a la izquierda, una puerta que ponía hospital de día para enfermos mentales, justo delante de mí un cartel que ponía inmigración, y a mi derecha la recepción, vacía. Junto a ella la correspondiente puerta de ayuda a la mujer. ¿Y al hombre me pregunté?

Con mucha serenidad me senté, especialmente cuando el recepcionista me indicó que el servicio empezaba a las 10 de la mañana.

Me lo tomé con calma, eran las 9:55. Cuando el reloj marcó las diez, supongo que el recepcionista pasó a otro estado catatónico y buscando mi empatía empezó a soltarme el rosario de las calamidades que tenía que soportar en su puesto de trabajo, quejándose de los “es que entre los colgados que se me escapan, las histéricas que vienen, y todas las tribus de áfrica, qué quieres que te diga, por no hablar de los moros, todos se llaman Mohamed…” Sin mostrar asentimiento alguno le pedí cita a la psicóloga. Me pidió el nombre y los apellidos Sole Sánchez MOHAMED. Se quedó blanco, amarillo, rojo y luego fue capaz de articular con gran dificultad “Bueno, no iba por ti”.

No le contesté. Mi estado de ataraxia era total. Me suele ocurrir a menudo ante situaciones de exclusión radical.

En fin, salí del recinto, y de camino a casa me paré en un supermercado a comprar unas ciruelas. No había nadie en el lugar, excepto el dueño de la tienda, yo con mis ciruelas y una señora de unos sesenta años con el pelo encementado de tinte gris y laca. La señora empezó a invadir mi espacio personal y deslizar su nariz como si fuera un hocico por mi pelo, mi cara, mi ropa…parecía que nunca había visto un ser como yo “Deu ser de fora Toni”, le dijo al tendero. Entonces, éste hinchó sus pulmones y me gritó a unos ochenta centímetros de la cara “Son tres con sincuenta!!!!!!!”.

A mí si me gritan no oigo nada. Así que me quedé muy quieta intentando entender el mensaje. El hombre volvió a gritar con más energía, pero esta vez girando el indicador de caja. Mientras, la señora seguía examinándome.

“Tres euros amb cinquanta”, reafirmé. “Ahhhhhh!” gritó la vieja dando un salto hacia atrás, “Estic espantada!!!!” Yo no salía de mi asombro. Me quité las gafas de sol con lentitud, para ver mejor el panorama, observé al tendero, el pavor de la señora que se sujetaba el pecho de forma sobreactuada…y entonces…no sé qué pasó, salí de mi ataraxia.

De repente, me vi en medio de, por segunda vez, de situación racista-xenófoba intolerable. Me habían confundido con una “Guiri” (nombre despectivo que se les da a los turistas nórdicos). LA confusión en sí no me importaba, pero sí su actitud. Pagué, lentamente, sin prisas. Me acerqué con la misma determinación a la señora y le dije a cuatro dedos de su cara “Jo sí que estic espantada de sa cara de mala puta que fas” “Ahhhhhhhhh!, Ahhhhh”, espasmos, ronquidos, berridos….”Toni, que has vist que m´ha dit? Esperé por si el tal Toni deseaba añadir algo. No lo hizo. No comprendía como una “guiri” hablara tan bien “es ciutadallenc”.

Mientras la señora  amenazaba con desmayarse, haciendo ademanes de caerse. Óscar a la mejor actriz melodramática,  pero que al ver que nadie iba a cogerla, pasaba de tirarse al suelo. Salí por la puerta y me dije “Definitivamente necesito un psicólogo o un psiquiatra, porque para vivir entre tanta gente así, se necesita asistencia médica.

28 Marzo 2011

Mi nombre es Sole Sánchez Mohamed.

Hace unos días que no he tenido de contactar con vosotros. Han pasado tantas cosas…esto de la política es como meterte los pies en una palangana llena de serpientes y tener la estúpida inocencia de que no te va a pasar nada.
Muchos mordiscos…Pero en fin, la política me aburre muchísimo. Todo son ambiciones, conspiraciones, engaños y manipulaciones… y a mí eso no me interesa, me interesa la persona. En este espacio se restringe a mí persona.

Hoy me siento especialmente afectada.

Triste. Rota.

Hay quien le produce fascinación mi persona y no lo entiendo pues soy una cascarrabias insufrible, cínica por definición, irreverente y transgresora (me gusta tocar las narices con los convencionalismos). Sin embargo no puedo evitar tener un compromiso racional y a la vez sentimental con la gente de mi pueblo. Puedo ser más lacerante que el cuchillo de un carnicero pero siempre buscando el porqué somos tan imbéciles física y anímicamente, tan cobardes.

Todo lo que hago me sale del corazón, pero siempre ha estado vigilado por mi cerebro y eso hace que eso hace que sea extremadamente autocrítica y me sienta horrible cuando me digo a mí misma, que la crónica de mi vida debería haberme enseñado a ser vigilante, desconfiada, o incluso, como vulgarmente se dice “una mala puta”. Pero no puedo. Soy apasionada, en mi condición humana, por encima de todo está el amor al prójimo, es tanta la necesidad de dar lo que tengo, de hacer felices a las personas que quiero que me hace cometer errores garrafales.

Miro a mis adentros y me río con sorna de lo muy estúpida que llego a ser, y mi conciencia siempre tan racional y maliciosa a menudo se ríe de mi incompetencia por mis debilidades como filántropa. Unas veces estallo en cólera y otras creo que la tristeza me va a engullir y lo único que me salva es la soledad de estos momentos donde las lágrimas rasgan mi rostro y ciegan mis ojos
de dolor.

Pienso en mi pasado, cristales rotos de un espejo viejo, pero aún así, me gusta recogerlos, aunque me corten y me hagan sangrar, porque algunas veces tengo la suerte de hallar momentos en los que sí fui muy feliz y eso es lo que cuenta en la vida, la suma de todos esos momentos. Porque no es lo mismo vivir que durar.

Sí, soy un camaleón que cambia ferozmente porque quizás no fui “domesticada” o civilizada a tiempo para enmarcarme en las hipocresías de la civilidad.

Cuando era joven y tuve que marcharme de casa, más bien una niña, no fueron pocas las noches que dormía en la escalera por pretextos a mi parecer injustificados, antes y ahora. En mi casa, de un machismo atroz, escribir y leer era más que suficiente, así que sólo  tenía que buscarme un marido que me mantuviera y ya.

Para la mis padres la mujer no podía tener un concepto más nazi: procrear hombres fuertes y sanos y crear una gran nación.

Sin embargo, yo siempre estaba entre libros. Siempre. Tras dejar Mahón y venir a Ciutadella, nos alojamos en un pequeño piso en la calle Joan Benejam. Claustrofóbico, no había humedad, había un ecosistema chorreante que parecía musgo y residuos de algo indefinible en las paredes. En invierno hacía tanto frío que me ponía todo la ropa del armario, que por cierto, mi armario, era un palo unido a los dos extremos de la habitación, habitación que compartía con mi hermana.

Con los libros me iba con Don Quijote y Sancho Panza, a armarla que su sentido de la justicia, me fascinaba bajar a los infiernos de Dante, asistir a las historias del Antiguo Testamento, y mucha, muchísima poesía, Quevedo, Lorca, Góngora, los proverbios, viajar y sufrir lo indecible en la Odisea, llorar con la literatura de los cincuenta, el pragmatismo de instructivo de los libros franquistas, la inmersión en toda la literatura fantástica…Era una niña, pero no hubo palo que “enderezara”, quería saber, siempre, saber más. Me otorgaba una libertad que me permitía gozar del mundo en todo su esplendor, especialmente, después del accidente.

Sin embargo, esa misma sensibilidad hoy juega en contra, ese vitalismo, ese amor absoluto a la vida, me está matando.

O quizás no…A saber…

En su día vi que la única manera de estudiar era ordenándome monja, al fin y al cabo, a pesar de mis muchas discusiones con Dios, siempre he tenido fe.

Pero reventaba, y me revienta el papel de la mujer en el catolicismo, su subordinación al hombre, la falta de igualdad, incluso que Dios mismo hubiera de ser hombre y que “la” Santa Trinidad fueran espíritu, padre e hijo. Para mí, no hay misterio alguno. Hay políticos que son hasta cuatro cosas a la vez, imagínate Dios. El misterios estribaba en cómo podía ser una trinidad, si eran tres figuras masculinas. Los catequistas desquiciados.

Por el otro el misterio de la fe. No hay misterio. La fe, es la convicción de que en cada uno hay algo mejor que sus propias miserias instintivas como animal y que se es capaz de practicar el bien, lo correcto, lo justo, a pesar de que nuestras entrañas nos pidan lo contrario. Tener fe, es tener la convicción de que podemos ser mejores y que vamos a serlo porque vamos a caminar hacia ese sentido, sin temor de estar solos, sin temor de ser abucheados, de no formar parte del resto. Fe es el orgullo de tener la valentía de ser uno mismo y levantar la cabeza y respirar hondo y elevar nuestro espíritu. Porque exista, Dios o no, nosotros sí existimos y es inexcusable culpar a los demás de nuestros actos. En fin, con tales pensamientos, no podía ser monja.

Lo siento me está costando mucho explicarme hoy.

El hecho es que me encuentro en la siguiente situación: Después de diez años, entre los 20 y los 30 de dárselo todo a la persona que más querido en este mundo, de trabajar 18 horas, de levantar una casa al gusto suyo, de vestirlo, de mantener un estilo de vida que para él hubiera sido inasumible, para muestra un botón: soy muy trabajadora y los fines de semana trabajaba en Bingo de Ciutadella, ganaba 2000 pesetas, mientras él se gastaba 8.000 por el puerto, llegaba a casa reventaba y me ponía a dar clases. Y ni siquiera venía a buscarme del trabajo. Sus amigos y él. Me ignoró, años y años. Fueron muchísimas las veces que le pedí que si no me quería que dejara. Pero la inercia, el interés o lo que sea, el amor, no. Él mismo me lo dijo, hicieron que se quedara allí anclado. Compré una casa. Unos años después, quise darle una muestra de mi compromiso con él y la puse a nombre de los dos. Debo decir que su familia, a pesar de que nunca me aceptaron del todo, hicieron lo que pudieron porque la relación funcionara. Pero nada cambiaba. Yo trabajando y él en el bar, entre semana, y los fines de semana de juerga y yo sola.

El detonante fue la muerte de mi madre. Pidió un día de baja para dormir él. Y él mismo fin de semana se iba de juerga. Y ahí, todos los vaticinios, todas las advertencias que le hice a lo largo de tantos años se empezaron a hacer realidad:

– Si para poder verte he de invitar a diez personas más, tú aguantarás lo mismo, pero más.
Resultado: La Providencia hizo que contrajera amistad con un chico realmente desagradable pero a  mí me caía bien, hasta el punto que montamos un negocio juntos. Venía a comer todos los días a casa, y dio que hablar y eso le sacó de quicio. Con todo, yo le seguía queriendo, sólo quería que se diera cuenta de la importancia de todo el mal que me había hecho. Cinco años, sin relación alguna, nada. Me ignoraba, como siempre lo había hecho, lo único que le molestaba es que ese “engendro”; y es que
no era muy agraciado ni muy gracioso el amigo en cuestión, ponían en entredicho su valía.

– Finalmente, no me di cuenta, y mi amigo sólo estaba “esperando su turno”. Cómo me fastidian los oportunistas…La ocasión de cobrar de una herencia y una mayúscula discusión puso fin al tema.

– Con todo, mi pareja seguía en los bares, de fiesta y manteniendo el mismo nivel de vida, sólo que se cambiaron los tercios, de ganar una misérrima nómina con los años, en los siete últimos empezó a tener un sueldo medio decente. Yo había trabajado toda mi vida desde los trece años, esperaba haber encontrado a la persona querida y ser correspondida, tener paz para hacer lo que más deseaba: seguir estudiando y dedicarme al pueblo. Pero, él que ya empezaba ya a tener independencia económica ya no recordaba nada de los sacrificios que por amor hice por él, y lo peor, volvería a hacer.

– La cuestión que en una de esas noches en las que solía decirle que me iba a casa de mi socio para fastidiar pero me iba a la tienda o a coger el coche e ir a tentar al destino en los acantilados de Cala Morell, de camino a mi local para buscar
mis pastillas me encontré con David, y él me salvó literalmente la vida esa noche. Un vaso de leche y un lecho. El cansancio de media vida se desprendió en un sueño profundo, como cadenas inmensas que rodeaban mi cuerpo y que de pronto se fundían en un cálido fluido que me confortaba.

Os preguntaréis por qué me siento tan rota hoy. “Si antes me importabas poco, imagínate ahora”. Cada día he de verle, cada día aunque sólo sea un minuto, o menos ver su absoluta indiferencia, lo desagradecido, su total falta de empatía, de humanidad hacia mí. He de convivir con él y con David, mi pareja.

He de aguantar diariamente cosas de este tipo cada día, él quiere vender la casa a cualquier precio y es comprensible, no le ha costado esfuerzo alguno, tanto le da ocho que ochenta. Le he suplicado que se marche, he apelado a su humanidad, en todo este tiempo ha conseguido amasar una pequeña fortuna. Aunque no estuviera ante notario, yo soy una mujer de palabra, sólo le pido que me dé paz. Verle desestabiliza mis valores y hace llorar mi alma con una amargura que podría hacer de un desierto un mar.

Pero bueno, todo conflicto es un reto, y todo reto es una forma de crecer de hacerse más fuerte, más persona. Porque de esta clase cosas no se debe alimentar el odio, sino el estoicismo, no siento sino pena por los que no saben amar, por los que no son agradecidos, por los que son indiferentes pues terminados sus caminos, antes o después la conciencia existe para todos y aplica su justicia de una forma rotunda y definitiva.

Hay quienes por dinero, por interés, hacen cualquier cosa. Cualquier cosa.Pues, yo, no.

22 Marzo 2011

Mi nombre es Sole Sánchez Mohamed.

El asma me estaba destrozando. La tos amenazaba con reventarme las costillas. No podía andar ni diez metros sin ahogarme. Mi madre no cejó en su empeño y me llevó por toda España para buscar remedio. En este tránsito, las peleas, la depresión de la pérdida de su primer hijo, la frustración de mi enfermedad y la frivolidad de mi padre nos condenaban a ser realmente infelices.

En ese trayecto fuimos abandonadas varias veces por mi padre en varias situaciones…Recuerdo una vez en la que mi madre y yo nos quedamos con una simple maleta sentadas durante dos días en una estación de tren, esperando a nuestro padre. No vino. No comimos. Y no mendigamos. Los trabajadores de la estación se acercaban. Primero preocupados y después indignados.  Pero nosotras aguantamos estoicamente y decíamos que esperábamos a nuestro padre. Al tercer día, alguien se acercó y le dio algo de dinero a mi madre y una dirección. Por fin, nos levantamos de ese banco y fuimos a una especie de pensión. Yo me puse peor. Mi madre me llevó a un médico privado y patadas y golpes a la puerta, nos atendió pero dijo que lo que tenía era así y punto, que sólo había paliativos.

Volvimos a la estación. Y mi padre preocupado buscándonos. Me había regalado un helado. Mi madre no cabía de rabia. Y él como si nada…Tomamos el tren, esta vez a San Sebastián, eso lo recuerdo bien.

Una mañana mi madre y yo salimos a buscar un jarabe para mi inagotable tos y sin saber cómo, en una calle la policía estaba arrollando a civiles que se manifestaban. Mi madre solo tuvo tiempo de lanzarme a la calle continua, la caída fue fuerte y quedé medio en el suelo, medio en un portal: jamás olvidaré cómo la multitud la arrolló, los palos indiscriminados de las fuerzas policiales el color rojo sobre toda esa imagen gris que parecía moverse y cuyo griterío parecía sonar lejos. “Mamá”, se me partió el alma verla así. Una mujer de complexión muy esbelta, tan frágil recibiendo esos palos, patadas…hubo momento que ya no se movía. Pasaron por encima de ella. Creía que había muerto. Yo también me había lastimado con la caída. Su cara estaba deformada por los golpes y se fue arrastrando hasta mí. Nos abrazamos y yo le dije que no se preocupara que ya no tosía, aunque me estaba ahogando. Volvimos a casa como pudimos, y la regenta nos echó porque decía que éramos unos maleantes. Buscamos otro sitio.

Mi madre encontró un trabajo eventual y mi padre cuidaba de mí. Cada vez que tosía me pegaba, me hacía andar deprisa y siempre me decía que mi madre nunca me quiso, que nadie me quería. Me decía que cogiera cosas de los souvenires y si me pillaban me pegaba una paliza monumental. Tenía predilección por desmontarme las muñecas, los huesos del carpo, llevarme a rastras y desmontarme los hombros y lo que más: humillarme en público. Le encantaba. Cuando lo hacía me amenazaba, me decía que si le contaba algo a mamá, nunca más la vería.

Mi madre tenía intolerancia al alcohol, con una copa transformaba su personalidad, se volvía agresiva, cruel, extremadamente cruel, y luego las peleas físicas entre ellos donde acababa recibiendo yo…Finalmente, volvimos a Menorca. Era una enferma incurable, volvimos al campo y con el tiempo y con las calamidades me fui haciendo dura.

17 Marzo 2011

Mi nombre es Sole Sánchez Mohamed.

Durante mi infancia mi familia vivió en Mahón, en el campo. Mi padre pasaba  largas temporadas  fuera de la isla. Mi madre y yo vivíamos en el campo. Totalmente aisladas. Especialmente yo. Mi madre había perdido su primer hijo y yo…simplemente no existía, ni yo, ni nadie; excepto algunas veces que volvía a este mundo y yo era la persona más feliz. Mientras vivíamos en el campo, en una explotación agraria. Me encantaba: gallinas, cerdos, caballos, vacas y un burro y por supuesto Leila una preciosa perra de color gris y pelo largo. Nos hicimos grandes amigos Leila, un gallo enano que se llamaba Kiko y el burro que se llamaba Burrito. Íbamos todos juntos a “hacer la aventura” y nos íbamos por los campos, decenas de quilómetros a la redonda. Sólo había océanos verdes y después dorados. Íbamos a coger frutos de todo y nos íbamos con nuestros botines a tumbarnos en medio de los campos y contemplábamos el cielo. Dormitábamos hasta cuando se hacía oscuro y después teníamos que volver a casa.

Fue la mejor etapa de mi vida. Mi madre solía enfadarse muchísimo con mis ausencias y con la posibilidad de que algún degenerado me atacara y su enfado iba creciendo hasta que acababa en una paliza. Mis amigos solían espantarse y el único que daba la cara por mí era Kiko el gallito enano, que picoteaba sus pies sin piedad, arrancándole, incluso trozos de piel.

Era raro que mi madre cocinara dadas sus condiciones de salud…Pero de vez en cuando hacía un plato caliente. Y ese día tocó un plato de caldo de pollo con patatas. Llamé con entusiasmo a Burrito, a Leila y a Kiko, que siempre comía migas de pan sobre la mesa. Pero ese día no apareció.

“Deja ya de gritar y cómete la comida”

Lo había cocinado. Había cocinado a mi pequeño amigo.

Quizás no lo hizo por malicia, quizás lo hizo por desdén, quizás lo hizo porque era obstinado, pero era mi amigo. Yo lo quería, significaba mucho para mí.

Del mismo modo operan los políticos, con la misma inconsciencia, desdén, indiferencia, y no se dan cuenta que a través de su decisiones hacen mucho daño. La falta de consenso, de atención y de consulta al ciudadano es evidente. Y a mí no me vale eso de que “Nunca lo harás bien para todos” Es posible hacerlo bien, para todos. Están los “torracollons” o “moscacojoneras”, pero esos no cuentan. Porque a esos les gusta fastidiar y ya está. Por lo demás, siempre es posible encontrar consenso.

Hoy en día a menudo recuerdo a mi pequeño y valiente amigo Kiko.

16 Marzo 2011

Mi nombre es Sole Sánchez Mohamed.

Mi abuela materna tenía la mala costumbre de convocar a la familia diciendo que se iba a morir. Por supuesto, todos acudían. Mi madre, embarazada de siete meses y repudiada por haberse casado con un español que a su vez había sido desheredado por casarse con una “mora” formaban esa clase de pareja que puede resultar romántica pero que resulta realmente trágica. Mi abuela, cuando me vio, aún en el vientre de mi madre me calificó de “basura” ”¿Qué basura llevas allí dentro?”

Quizás por eso me tuvieron por el camino y suelo bromear diciendo que nací en una patera…Nací muerta, pero por alguna razón, mi cuerpo pisó el cordón umbilical y sobreviví. A mi madre, ya le habían anunciado mi muerte y ya no se creía nada, pensaba que le habían “endosado una criatura”…Sin embargo, mi madre me quiso, como la mejor madre del mundo a pesar de ser una niña aún cuando me tuvo. Yo era asmática. Me destrozaba el pecho tosiendo, mi infancia fue muy dura. Quiero pensar que soy como los metales, que a base de golpes muy fuertes y continuos se forja su dureza.

Es inevitable que me solidarice con los que sufren, con los que  son víctimas de abusos. No soporto que se pisoteen los derechos humanos, su dignidad. Y en estos momentos vivimos un momento donde la tomadura de pelo se ha institucionalizado de una tal manera que es inadmisible. No hablamos de CRISIS, no es algo puntual, es un estadio permanente de corrupción, maniqueísmo, donde todo el mundo es primo de alguien, donde todo el mundo tiene miedo, porque tiene algo que ocultar, porque tienen miedo de la presión social.

Ahora todo el mundo habla de la gran carga de recursos humanos, de enchufados, interinos, cargos de confianza…pero eso ha venido ocurriendo desde la transición, una transición que fue violenta, y el traspaso de poderes se hizo con pagas vitalicias, más todas las pagas vitalicias de los políticos.

Una revolución, este país necesita una revolución que empiece en el seno mismo de cada individuo. Un cambio de mentalidad. Hacer las cosas bien; por responsabilidad no por obligación.

Infinidad de personas que valen un mundo son válidas para entrar a listas y sin embargo callan, se acobardan y CALLAN. Los buenos callan, mientras que los perversos campan a sus anchas ante la indignación general. Yo pienso acabar con todo eso ¿Quién quiere acompañarme? ¿Quién es capaz de liberarse de sus miedos y venir y hacer lo correcto?

2 comentarios to “Sole Sánchez”

  1. simon Sanchez Says:

    Siendo Venezolano, me sorprende sobremanera conocer que los problemas que tiene mi comunidad, no son exclusivos de mi patria. Y que contamos con unas vicisitudes similares a las que les acontecen a ustedes, y que los tenemos desde los tiempos de la “colonización española de América” (lo destaco entre comillas porque siempre me he preguntado qué hubiese sido de la península Ibérica si nuestros antepasados americanos los hubiesen invadido a ustedes). No podría decir con certeza si es parte de la herencia que nos dejaron los españoles de los siglos XVI y XVII, pero es, de cierta manera, reconfortante saber que podemos seguir aprendiendo de las experiencias comunes como sociedades. Nosotros, un pais inmensamente rico en recursos naturales, energéticos y humanos, asi como ustedes también, pero inmensamente mal administrado! Vayan mis saludos con afecto para tan impetuosa dama! No me cabe la menor duda que tu gestión en el ayuntamiento sería de inconmensurable beneficio para Menorca! Un abrazo desde Venezuela!

  2. fernando Says:

    desde barcelona alago tu derecho a mostar lo q quieras e visto tu cartel y lo alavo gracias x hacer campaña diferente y al q no le guste q no mira besos


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